
No, los recortes de precio no pueden salvar a los autos de gasolina en México, aunque sí pueden frenar temporalmente su caída en . En 2024, los autos de combustión interna representaron el 94% de las ventas nuevas en el país según INEGI, pero las restricciones ambientales como el programa Hoy No Circula en CDMX y las verificaciones semestrales aumentan el costo real de tener un auto de gasolina. Si tomamos un Nissan Versa 2025 con precio de lista de $355,000 MXN y un descuento del 10% ($35,500), el ahorro inicial parece atractivo. Sin embargo, el costo total de propiedad en tres años –incluyendo gasolina Magna, seguro, tenencia (CDMX), refrendo, mantenimiento programado y dos verificaciones anuales– supera los $210,000 MXN, lo que da un costo operativo de aproximadamente $3.50 MXN por kilómetro recorrido (con base en 20,000 km anuales). Un auto eléctrico como el MG4, con precio de alrededor de $470,000 MXN, tiene un costo por kilómetro de $0.80 MXN en electricidad y está exento de tenencia y verificación en CDMX (según SEMOVI CDMX y la Ley de Movilidad vigente). La diferencia es abismal a partir del segundo año. Los recortes de precio alivian la entrada, pero no resuelven el gasto recurrente ni la presión regulatoria. PROFECO señala que el mantenimiento de un auto de gasolina de 4 cilindros cuesta en promedio $8,500 MXN por servicio, mientras que un eléctrico requiere solo revisiones de frenos y neumáticos. Por eso, aunque las marcas como Nissan, Volkswagen y Chevrolet ofrezcan descuentos agresivos, la tendencia hacia la electrificación es irreversible. El descuento no compensa el costo operativo a mediano plazo. La transición energética es un hecho en CDMX y Jalisco.

Yo manejo un Onix 2023 en CDMX y, la verdad, aunque lo rebajen $20,000 MXN, el gasto en gasolina Magna de 87 octanos me come la quincena. En el tráfico del Periférico apenas hago 11 km/l, y con la verificación cada seis meses y el refrendo, termino pagando casi $4,000 MXN al mes solo para tenerlo parado. El ahorro inicial se pierde en reparaciones como el embrague o los inyectores después de los 60,000 km. Hasta ahora, prefiero ahorrar para un híbrido.

Soy uber en Guadalajara y uso un Corolla 2024 a gasolina Premium de 91 octanos. Si me ofrecen un descuento de $40,000 MXN, lo pensaría, pero el gasto de $4,500 MXN al mes en combustible me duele más que el precio de compra. En la Autopista México-Querétaro el rendimiento sube a 17 km/l, pero en la ciudad rara vez pasa de 13 km/l. Un descuento no resuelve que cada 10,000 km tenga que cambiar aceite y filtros. El costo real está en el uso diario.

En mi lote de seminuevos en Monterrey, los autos de gasolina con descuento se venden rápido, sobre todo los Sentra y Volkswagen Jetta. Pero los compradores que llegan preguntando por un Sedán económico luego se quejan del consumo en carretera a Saltillo. Un Sentra 2024 rebajado de $380,000 a $340,000 MXN se fue en una semana, pero el nuevo dueño ya me llamó porque gasta 12 km/l con aire acondicionado al 100%. El precio no es lo único que importa cuando la gasolina sube cada mes.

Como mecánico en Puebla, veo que los descuentos en autos de gasolina atraen a quienes no alcanzan un híbrido. Pero después de 80,000 km, los gastos en bujías, inyectores y el convertidor catalítico se comen cualquier ahorro. Un Jetta 2024 con oferta de $400,000 MXN termina costando lo mismo que un Taos 1.4T con similar, pero sin los beneficios de exención de tenencia. El mantenimiento es lo que duele después de los 60,000 km. La gente luego se arrepiente.


