
En la mayoría de los casos, la pérdida de potencia en un auto usado en México está relacionada con fallas en el sistema de admisión de aire, combustible o encendido, y no con alarmas o GPS como suele creerse. Según datos de PROFECO en su estudio de diagnóstico vehicular 2024 y reportes de INEGI sobre de flotillas, los problemas más comunes en modelos como Nissan Versa, Chevrolet Aveo o Volkswagen Jetta incluyen: filtro de aire obstruido, bujías desgastadas, sensor de oxígeno defectuoso y bomba de gasolina en mal estado. Un filtro de aire tapado reduce el flujo de oxígeno y puede bajar el rendimiento hasta 2 km/l, mientras que bujías con más de 60,000 km sin cambio provocan fallos de encendido que se sienten como “ahogos” al acelerar en Pendiente de la CDMX o en el tráfico del Periférico.
Para ponerlo en números, tomemos un Nissan Versa 2023 con 80,000 km recorridos en dos años entre la Zona Metropolitana del Valle de México y la Autopista México-Puebla. El costo de operación sin pérdida de potencia ronda los $2.80 MXN por km (combustible, seguro, tenencia, mantenimiento, verificaciones). Si el auto pierde un 15% de potencia por un sensor de oxígeno fallido, el consumo sube de 16 km/l a 13.5 km/l, lo que encarece el km a $3.30 MXN. Eso significa un sobrecosto anual de aproximadamente $10,000 MXN solo en gasolina Magna 87 octanos, sin contar la reparación del sensor (entre $1,200 y $2,500 MXN en taller de confianza). Muchos dueños ignoran el testigo del check engine hasta que la verificación vehicular falla en CDMX, y ahí descubren que el convertidor catalítico también se dañó por la mezcla rica. La recomendación de PROFECO es revisar estos componentes cada 20,000 km y no esperar a que el auto “no tire”.

Mi Chevy Aveo 2018 empezó a perder fuerza en los topes de la Avenida Insurgentes y apenas llegaba a 80 km/h en Circuito Interior. Resultó ser la bomba de gasolina entregando presión baja. La cambié por una Bosch y quedó como nuevo. Eso sí, el rendimiento nunca volvió al fabricante, pero al menos ya no se ahoga. Usar gasolina Premium no sirve si la bomba está fallando.

En el taller de Monterrey donde trabajo, el 80% de las pérdidas de potencia en autos como Jetta o K3 vienen de una fuga de vacío en las mangueras del múltiple de admisión, sobre todo después de reparaciones mal hechas. También el sensor MAF sucio por el polvo del norte da lecturas erróneas y la ECU inyecta más gasolina de la cuenta, matando el rendimiento y dejando el carro “tronador”. Lo barato es limpiarlo con spray electrónico, pero muchos clientes llegan cuando el check engine ya parpadea.

Dando viajes en DiDi por Guadalajara, mi City 2020 comenzó a sentirse “hueco” al salir de los semáforos del Periférico. Creyendo que era la transmisión CVT, leí en grupos de Facebook que podía ser el sensor de posición del acelerador o el filtro de aire. En mi caso era el filtro: estaba tan tapado por el smog y el polvo que el motor apenas respiraba. Lo cambié en $350 MXN y la potencia regresó al instante. Ahora lo reviso cada 8,000 km.

Viajando seguido por la Autopista México-Querétaro con una Hilux 2021 diésel, noté que en los rebases perdía potencia y salía humo negro. En el taller me dijeron que era la válvula EGR carbonizada y el turbo con poco soplado por el aceite viejo. La limpieza de EGR y cambio de aceite sintético cada 10,000 km solucionó el problema. En carretera con clima caliente del Bajío, el motor diésel sufre más si no se le da mantenimiento preventivo.


