
Si la luz roja de la “P” en el tablero de tu auto se queda encendida mientras conduces, significa que el freno de mano no se ha liberado por completo, ya sea el mecánico de palanca o el electrónico de botón. Si el testigo permanece fijo durante la marcha, estás arrastrando las balatas traseras contra el tambor o el disco, lo que genera sobrecalentamiento, desgaste prematuro y una pérdida notable de rendimiento de combustible. En autos con freno de mano mecánico, como un NP300 o un Volkswagen Jetta, el testigo se apaga cuando bajas la palanca hasta el tope; si no lo hace, el interruptor del pedal o la palanca puede estar fallando. En vehículos con freno electrónico, como un Chevrolet Tracker o un Mazda CX-5, el sistema suele liberarse automáticamente al pisar el acelerador, pero si la luz roja sigue encendida, el módulo de control o un sensor de ángulo están reportando un error.
Con base en datos de PROFECO (Guía del Conductor 2024) y el reglamento de la SICT (NOM-EM-001-SICT-2023), este testigo se activa durante el autodiagnóstico al arrancar el motor y debe apagarse en menos de tres segundos. Si circulas 30 km con el freno ligeramente aplicado, el consumo de gasolina puede aumentar entre 0.8 y 1.5 km/l, y el costo de reemplazar un juego de balatas traseras más rectificado de tambores en un taller de la CDMX ronda los $2,200 MXN a $3,800 MXN, dependiendo del modelo. Un cálculo simple: si recorres 20,000 km al año y el testigo se enciende de forma intermitente por una mala regulación del freno, el sobrecosto anual en gasolina Magna puede superar los $2,500 MXN, sin contar el desgaste adicional en los frenos. Mi recomendación es que, si ves la “P” roja fija en el Periférico o en el Circuito Interior, te orilles en cuanto tengas oportunidad, verifiques que el freno esté totalmente liberado y, si el testigo persiste, agendes una revisión con un mecánico de confianza.
Mantener el freno de mano ligeramente accionado durante la marcha acelera el desgaste de las balatas y el tambor. Un freno de mano mal ajustado es una falla común en autos con más de 50,000 km. La verificación del testigo “P” debería ser parte del checklist antes de salir a carretera.

Una vez se me quedó prendida la “P” roja en un Jetta 2019 que manejaba para Didi en la CDMX. Ya iba sobre Insurgentes con pasaje y el carro se sentía trabado, como si alguien jalara el freno a la mitad. Me orillé en la primera gasolinera, bajé la palanca con fuerza y la luz se apagó. Desde entonces siempre reviso que baje hasta el fondo, porque si no, te cargas la transmisión.

Trabajo en un taller de la Colonia Del Valle y cada semana llega un auto con la “P” roja encendida y bulla en las ruedas traseras. Lo más común en los Versa y Aveo es que el cable del freno de mano se destensa con el uso. Aprieto la tuerca del tensor, lubrico el recorrido y listo. Si el testigo no se apaga con la palanca abajo, revisa el switch, cuesta unos $350 MXN y se cambia en 15 minutos.

En un seminuevo que compré en Kavak, la luz de la “P” se quedó encendida en el camino a Querétaro. Llamé al vendedor y me dijo que era normal. No lo era: las balatas traseras llegaron rayadas a los 5,000 km. Aprendí que siempre hay que probar el freno de mano antes de firmar.

Vivo en Guadalajara y manejando una Taos con freno electrónico, la luz roja parpadeó un par de veces. El concesionario me dijo que era un sensor de posición del pedal de freno. Lo cubrió la garantía, pero me quedó la lección: si ves la “P” roja constante, ni pienses en seguir derecho, mejor llévarlo al taller cuanto antes.


