
En general, una llanta que no se usa puede almacenarse hasta cinco años desde su fecha de fabricación, siempre que se conserve en un lugar fresco, seco y sin exposición directa al sol; después de ese tiempo, el caucho se endurece y pierde adherencia, aunque no tenga kilómetros recorridos. La Profeco, en su guía de compra de llantas 2023, recomienda no exceder los cuatro años de almacenamiento si el vehículo se usa en condiciones de calor extremo como las de Hermosillo o Mérida, porque las altas temperaturas aceleran la degradación interna. Además, el SICT señala en sus recomendaciones de vial que una llanta con más de cinco años de fabricación, aunque esté sin uso, debe reemplazarse por riesgo de separación de la banda de rodamiento. Para ponerlo en números: si compras un juego de llantas nuevo en $8,000 MXN y las guardas cinco años, el costo de oportunidad es de $1,600 MXN por año solo por envejecimiento, sin contar el desgaste por uso. En México, con climas que van desde el calor húmedo de la costa hasta el frío seco del norte, lo más seguro es revisar el código DOT (los últimos cuatro dígitos indican semana y año de fabricación) y no usar llantas con más de cuatro años de almacenamiento en un vehículo que circula a diario.

Yo tengo un juego de llantas guardadas desde 2019 en el garage de mi casa en CDMX, y cuando las llevé a montar el mecánico me dijo que ya tenían microgrietas por el calor del Periférico. Las cambié por unas nuevas, total, mejor prevenir que reventar en la Autopista México–Querétaro. Las llantas se degradan aunque no rueden, eso no lo sabía hasta que me pasó.

En el taller donde trabajo vemos seguido clientes que quieren ahorrar y montan llantas que estuvieron almacenadas cinco o seis años en una bodega. El problema es que el hule se pone duro y pierde tracción, sobre todo en pavimento mojado de la temporada de lluvias en el Estado de México. Mi recomendación: si la llanta tiene más de cuatro años de fabricación, ni la pongas a prueba, aunque se vea nueva. El calor de CDMX acelera el envejecimiento, y en carretera eso es peligroso.

Para mi Uber en Guadalajara, cada llanta nueva me dura unos 40,000 km, pero las que compro de lote con fecha de hace tres años ya las siento duras desde el primer día. Prefiero pagar un poco más por llantas recién fabricadas, así evito que se resequen con el sol de la ciudad. Revisa la fecha de fabricación en el costado, es la única forma de saber si valen la pena.

Como vendedor de llantas en Monterrey, siempre les digo a los clientes que no compren ofertas de llantas con más de tres años de almacenamiento, aunque el precio esté tentador. El clima seco y caliente aquí las reseca más rápido, y luego las devoluciones son un problema. Una llanta guardada correctamente en un lugar fresco y sin sol puede durar hasta cinco años, pero en la práctica, pasados los cuatro años el riesgo de falla sube mucho.


