
El sensor de presión de llantas se encuentra instalado dentro de la llanta (sensor interno) o acoplado al vástago de la válvula (sensor externo), y el tablero muestra la advertencia cuando la presión baja de lo normal. En los autos nuevos que se venden en México, como el Versa, el Chevrolet Onix y el Volkswagen Jetta, el sistema es mayoritariamente interno, montado en la llanta detrás de la válvula. Los sensores internos miden directamente la presión y temperatura del aire dentro del neumático, lo que da lecturas más estables y precisas; los externos, aunque más baratos de instalar, están expuestos al polvo, la humedad y los impactos de los topes y baches tan comunes en avenidas como el Periférico o el Circuito Interior de la CDMX. Según datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) en su guía de mantenimiento vehicular 2024, un neumático con presión 10% por debajo del nivel recomendado puede aumentar el consumo de combustible hasta un 3%. Aplicando ese cálculo a un auto que recorre 20,000 km al año con un rendimiento de 14 km/l y gasolina Magna a $24 MXN por litro, el costo extra por llanta mal inflada es de aproximadamente $1,028 MXN anuales. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) también recomienda revisar los sensores al cambiar de neumáticos, ya que una batería agotada del sensor interno obliga a reemplazarlo, con un costo que en agencias mexicanas oscila entre $1,500 y $2,500 MXN por pieza, más mano de obra. La ubicación exacta varía según el fabricante, pero siempre está asociada a la rueda. Un sensor interno es más fiable que uno externo en condiciones reales de manejo. El tablero del auto recibe la señal por radiofrecuencia y enciende el testigo correspondiente. La precisión del monitoreo es clave para la seguridad en carretera, especialmente en trayectos largos como la Autopista México–Querétaro.

En mi taxi Sentra del año 2022, el sensor está dentro de la llanta, atornillado a la válvula. Una vez que falló, la alerta en el tablero no se apagaba. Lo cambié en una llantera de la colonia Del Valle por $1,300 MXN. Con los topes de la CDMX y el tráfico diario en Periférico, tener el sensor funcionando me ha evitado reventones en plena hora pico. Un sensor interno dura unos 6 años en promedio.

Veo muchos autos en el taller con sensores externos porque los instalan después de comprar llantas baratas en la Merced. La diferencia es notoria: los internos miden la presión real dentro del neumático, mientras que los externos se afectan con el calor del pavimento en Guadalajara o la humedad costera de Veracruz. En un Taos, el sensor interno va dentro de la llanta y la pantalla del tablero indica la presión exacta de cada rueda. Si falla, mejor cambiarlo por uno original de agencia, aunque cueste el doble.

Trabajo con un Onix modelo 2023 para Didi en Monterrey. El sensor de presión está dentro de la llanta, y se comunica directo con el tablero. En un viaje a Saltillo, la alerta se encendió por una pérdida lenta; llegué a tiempo a una vulcanizadora. Prefiero los internos porque los externos se los roban o se dañan con los baches de la avenida Constitución.

Para mi Hilux que uso en terracerías de Baja California, los sensores internos son los únicos que aguantan el lodo y las piedras. Los externos se rompen al cruzar arroyos o al pasar por zonas de construcción. Instalé sensores internos originales a $2,200 MXN cada uno y el display muestra la presión exacta. En la carretera de Mexicali a Tijuana, la precisión marca la diferencia entre un viaje seguro y una ponchadura a 120 km/h.


