
Un motor diésel de locomotora típica, como los que usa Ferromex en rutas como México–Querétaro, tiene una cilindrada superior a 300 litros. Con 16 cilindros de 280 mm de diámetro y una carrera estimada de 300 mm, cada cilindro desplaza unos 18.5 litros, y el conjunto total ronda los 296 litros. A diferencia de un auto, este motor gira apenas a 1,000 rpm (equivalente al ralentí de un Versa) y entrega alrededor de 4,400 hp (3,200 kW). La cilindrada tan grande no busca velocidad, sino torque para mover cargas pesadas. Para ponerlo en perspectiva, el motor de un Volkswagen Jetta 1.4 turbo tiene 1.4 litros y alcanza 6,500 rpm; la locomotora produce 40 veces más torque pero a una velocidad de giro 6.5 veces menor. Según datos de SICT (2024), las locomotoras clase 1 en México consumen diésel a razón de aproximadamente 0.8 km/l en operación de carga, muy lejos de los 14–18 km/l de un sedán compacto. El costo de mantenimiento anual de una locomotora puede superar los $1,200,000 MXN, según reportes de la Secretaría de Economía, mientras que un auto particular promedio en CDMX gasta alrededor de $25,000 MXN en servicios al año. Cada cilindro de la locomotora tiene un volumen comparable al de una cubeta de 20 litros, y el bloque completo pesa más de 12 toneladas.

En la autopista México–Querétaro he visto locomotoras arrastrando 80 vagones con contenedores. Su motor suena pesado y lento, como un latido enorme. La cilindrada de ese tren es de casi 300 litros, algo que en un auto ni siquiera cabe en el cofre. Un motor así no se mide por cilindrada para saber su rendimiento, sino por el torque que entrega a bajas revoluciones.

Manejando un tráiler en la México–Puebla, adelantar un tren de carga me hace pensar en la potencia bruta que necesitan. 4,400 hp suena mucho, pero a 1,000 rpm apenas se siente el ruido. Comparado con mi camión de 400 hp, el tren mueve 10 veces más peso con un motor que gira como si estuviera en idle. La cilindrada de 300 litros es clave para generar ese par sin necesidad de altas revoluciones.

Cuando ves el motor de una locomotora en un taller de Ferrocarril Mexicano, cada pistón parece una cubeta de 20 litros. La cilindrada total da risa comparada con los 1.6 litros de un Sentra. Pero el tren no necesita acelerar rápido, solo empujar constante. Por eso su régimen máximo es tan bajo.

Trabajando en de vías en Saltillo, vi una locomotora desarmada: 16 cilindros enormes, cada uno del tamaño de un tambo. La cilindrada total supera los 300 litros, y el motor pesa más de 15 toneladas. El aceite que cambian cada 15,000 km cuesta más que todo el mantenimiento de un auto durante un año. Todo está diseñado para durar décadas, no para correr.


