
Sí, las piedras atrapadas en los neumáticos pueden generar ruidos anormales y, si no se retiran a tiempo, afectan la y reducen la vida útil de las llantas. En México, donde calles con topes, baches y caminos de terracería son comunes, es frecuente que pequeños fragmentos se incrusten en los canales de la banda de rodamiento. Un cálculo práctico basado en un uso promedio de 20,000 km al año muestra que, si el desgaste anticipado reduce la vida del neumático de 60,000 km a 50,000 km por la acumulación de piedras y daños internos, el costo extra por kilómetro es de aproximadamente $0.04 MXN. Con un juego de cuatro neumáticos de perfil estándar para un sedán como el Nissan Versa o el Chevrolet Onix, cuyo precio ronda los $12,000 MXN, el gasto anual adicional asciende a unos $800 MXN. Esto sin contar el riesgo de pinchazos o reventones, que pueden derivar en gastos de grúa (hasta $2,000 MXN en una autopista como la México-Querétaro) y reparaciones. Según la Guía de Mantenimiento Vehicular 2024 de PROFECO, revisar los neumáticos cada mes y extraer objetos incrustados reduce hasta un 30% las fallas por desgaste irregular. Además, la NOM-086-SCT2-2021 de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes establece que la profundidad mínima del dibujo debe ser 1.6 mm para garantizar agarre en lluvia, y las piedras aceleran la pérdida de ese grosor.
| Concepto | Sin piedras frecuentes | Con piedras frecuentes |
|---|---|---|
| Vida útil estimada | 60,000 km | 50,000 km |
| Costo por km (neumáticos) | $0.20 MXN | $0.24 MXN |
| Costo extra anual (20,000 km) | – | $800 MXN |
Las piedras alojadas reducen la tracción en pavimento mojado y aumentan el ruido de rodadura. Revisar los neumáticos cada 15 días evita daños costosos en la estructura de la llanta. Un clavo o una piedra puntiaguda puede provocar un reventón en carretera si no se detecta a tiempo.

En mi March del año pasado, cada vez que paso por el Periférico escucho un tac-tac-tac que me vuelve loco. Me bajo y siempre encuentro una piedrita clavada en las ranuras. Las saco con un desarmador y listo, el ruido se va. Pero una vez se me pasó una semana y cuando fui a la vulcanizadora ya tenía un pequeño corte interno. Las piedras no solo molestan, también te pueden dejar tirado si no las quitas pronto.

Llegan muchos clientes con el mismo cuento: “oigo un ruido raro, parece que traigo algo en la llanta”. Casi siempre son piedras alojadas en los surcos del dibujo. Lo peor es cuando las piedras son filosas y se entierran entre los tacos de la banda; con el calor del asfalto en Guadalajara o las altas temperaturas del norte, el caucho se ablanda y la piedra perfora lentamente la capa interior. Mi recomendación cada cambio de aceite o cada vez que llenes gasolina en una estación de Magna, échale un ojo a las llantas. Un truco: si ves una piedra que no sale con la mano, no la arranques con pinzas porque puedes dañar el sello; mejor llévalo con un llantero.

Soy Uber en CDMX y las calles de la colonia Roma y la Condesa están llenas de obras y topes. Cada dos o tres días tengo que sacar piedras de las llantas de mi Corolla. Si no lo hago, el ruido se vuelve insoportable para los pasajeros y además siento que el coche patina más cuando llueve en Circuito Interior. Mejor prevenir que pagar una llanta nueva de $2,500 MXN.

En el lote donde trabajo con seminuevos revisamos los neumáticos de cada unidad que entra. Las piedras atrapadas son un clásico en autos que vienen de zonas con terracería, como los que se usaron en carreteras de Michoacán o Guanajuato. Si dejamos las piedras, el cliente nuevo escucha el ruido el primer día y nos reclama. Por eso, antes de poner el auto en venta, metemos el compresor y sacamos hasta la última piedrita. Eso marca la diferencia en la primera impresión y evita que la gente piense que el coche tiene un problema grave.


