
En México, la recomendación general de los fabricantes de neumáticos es reemplazarlos entre los 3 y 5 años, incluso si no han llegado a los 50,000 km, porque el caucho se endurece y pierde agarre, especialmente en climas extremos como el calor del norte o la humedad de la costa. La PROFECO ha señalado que una llanta con más de 6 años de antigüedad, aunque tenga suficiente dibujo, puede representar un riesgo de reventón en carretera, mientras que la SICT recomienda revisar semanalmente la presión y el desgaste. En un análisis de costo por kilómetro recorrido, considerando un juego de cuatro llantas con precio promedio de $8,500 MXN para un sedán como el Versa, y suponiendo un reemplazo a los 5 años o 60,000 km (lo que ocurra primero), el costo anual de las llantas es de aproximadamente $1,700 MXN. Eso equivale a unos $0.14 MXN por km solo en el costo del neumático, sin incluir la mano de obra por balanceo y alineación, que puede sumar otros $800 MXN al año. La decisión no debe basarse solo en el kilometraje, porque en ciudades como CDMX, con topes constantes y calles en mal estado, el desgaste estructural puede adelantar el cambio incluso antes de los 3 años. Los conductores que recorren la Autopista México–Querétaro con frecuencia deben estar atentos a la profundidad del dibujo, porque a alta velocidad y con lluvia, una banda de rodadura por debajo de 1.6 mm es peligrosa según la NOM-086-SCT2. Un dato clave: si la llanta se fabricó hace más de 5 años, el riesgo de separación de la banda de rodadura aumenta un 40% en temperaturas superiores a 38°C, algo común en Monterrey y Hermosillo. Revisar el código DOT en el costado de la llanta es la única forma segura de conocer su edad real.

En el taller donde trabajo, vemos llantas que parecen nuevas por el dibujo pero que ya tienen 4 o 5 años y empiezan a cuartearse en los costados. Eso es típico de autos que solo se usan en la ciudad, como un March para Uber. Aunque el dueño dice que solo tiene 35,000 km, la goma ya está dura y patina en el asfalto mojado de la temporada de lluvias. Insisto siempre en checar el DOT, porque aquí en Guadalajara el calor húmedo acelera el envejecimiento. Cambiar antes de los 5 años es barato comparado con cambiar una llanta reventada en carretera.

Mi experiencia con un Jetta 2020 en la ruta CDMX–Puebla me enseñó que a los 3 años y medio, aunque las llantas tenían 45,000 km, los topes de la México–Puebla terminaron por deformar una. El mecánico me mostró que el flanco ya tenía microgrietas por la exposición al sol en los estacionamientos. No me fío del dibujo: en el tráfico pesado de Periférico, las frenadas constantes desgastan más los bordes. Si recorres más de 30,000 km al año en carretera, como yo, mejor cámbialas al llegar a los 3 años.

Un conocido manejaba un Aveo en una flotilla de reparto en CDMX y las llantas duraban 2 años, no 5. Era por los topes, los baches de Circuito Interior y el uso intensivo de frenos. Las recomendaciones de los fabricantes asumen condiciones ideales; acá el desgaste es más agresivo, especialmente si trabajas con carga. Mejor revisar las llantas cada 10,000 km y no esperar a que se cumpla el tiempo teórico.

Cuando compro seminuevos, siempre reviso el año de fabricación de las llantas, aunque el auto tenga 40,000 km. Si el dueño anterior puso llantas nuevas antes de venderlo, es buena señal, pero si veo que las originales tienen 5 años, las descuento del precio. En un K3 que compré, las llantas estaban duras como piedra, y al mes tuve un reventón en la autopista a Querétaro. Desde entonces, cambio cualquier llanta con más de 4 años, sin importar el kilometraje.


