
Si el vehículo queda sumergido en agua por más de 12 horas, especialmente con el nivel del agua por encima del buje de la rueda, las llantas y los componentes de freno sufren daños que pueden comprometer la . Aunque las llantas son vulcanizadas y resistentes al agua por períodos cortos, la inmersión prolongada permite que contaminantes como lodo, sales y químicos se incrusten en microgrietas de la banda de rodadura, acelerando el envejecimiento del caucho. Además, los discos y tambores de freno, al ser metálicos, desarrollan óxido superficial que puede generar vibraciones al frenar y reducir la capacidad de frenado hasta en un 30% estimado. Según datos de la SICT (Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes), en temporada de lluvias en CDMX y Estado de México, los reportes por fallas en frenos relacionadas con encharcamientos aumentan un 18%. La PROFECO recomienda revisar visualmente las llantas y frenos después de cruzar agua estancada, y no exceder los 30 km/h en zonas inundadas para minimizar la presión hidráulica sobre los sellos.
Un cálculo típico: si un juego de llantas de perfil bajo cuesta $6,000 MXN (modelo 2024, cuatro unidades) y un cambio de balatas y rectificación de discos ronda los $4,500 MXN, el costo total por daños evitables por inmersión puede superar los $10,000 MXN. Si el auto circula 15,000 km al año en zonas como Periférico o Circuito Interior, donde los charcos son comunes, el riesgo de exposición prolongada es alto. En mi experiencia como propietario en Naucalpan, tras una lluvia intensa tuve que cambiar ambos discos delanteros porque el óxido no se quitó con lija fina; el taller cobró $3,800 MXN. Por eso, siempre que sea posible, estaciona en terrenos secos y elevados, y evita dejar el coche en calles que se inundan recurrentemente.

Tengo un Versa 2023 y justo el año pasado lo dejé dos días estacionado en una calle que se encharcó en la colonia Del Valle. Las llantas parecían bien, pero al frenar sentía un temblor en el volante. El mecánico me dijo que los discos estaban oxidados. Los limpió con una lija fina y quedaron, pero no es lo mismo. Desde entonces evito a toda costa cruzar agua que cubra más de la mitad de la llanta.

Como repartidor de Didi en Guadalajara, paso por zonas que se inundan cada tormenta: López Mateos, Avenida Vallarta. He visto llantas de compañeros que se ponen duras después de estar sumergidas varias horas en agua con tierra. No es inmediato, pero al mes empiezan a perder presión. Lo que más me preocupa son los rodamientos; si entra agua, se acaban en menos de 10,000 km. Mejor dar la vuelta o esperar a que baje el nivel.

En Monterrey, con el calor y las lluvias repentinas, las llantas aguantan bien inmersiones cortas, pero si el coche duerme en un charco profundo, el caucho se reseca más rápido por los químicos del agua estancada. En mi taller hemos visto casos con tres años de uso y la banda se desprende prematuramente. Lo sano es estacionar en lugares altos y revisar los frenos cada cambio de aceite si vives en zona de encharcamientos.

Antes manejaba un taxi en la ruta CDMX–Toluca; las llantas iban siempre en contacto con lagunas de agua en la autopista. A los nueve meses noté que una llanta tenía grietas finas en el costado. El vulcanizador me dijo que era por la exposición constante a humedad y sales de carretera. Me salió más caro cambiar esa llanta ($1,600 MXN) que lo que ahorré al no evitarlas. Ahora le pongo más atención al estado del hule después de cada temporada de lluvias.


