
La tasa de empleo en México, medida como el porcentaje de la población en edad de trabajar que tiene empleo, se sitúa aproximadamente en 57% según los datos más recientes del INEGI (2024). Para 2026, las proyecciones basadas en tendencias de la OCDE y el Banco Mundial apuntan a un rango de 56%–58%, dependiendo del crecimiento económico y la formalización laboral. Esto significa que, de cada 100 personas en edad de trabajar, entre 56 y 58 tienen un empleo remunerado o por cuenta propia.
En el ámbito de la contratación, este indicador es clave para entender la disponibilidad de talento. Una tasa estable indica un mercado laboral equilibrado, pero no saturado. Los reclutadores deben ajustar sus estrategias según el sector: en tecnología y servicios profesionales, la tasa de desempleo es baja, lo que exige ofrecer salarios competitivos y beneficios diferenciales. En cambio, en sectores como manufactura o comercio, la oferta de candidatos es mayor, pero la calidad de la formación varía.
A continuación, una tabla comparativa con datos recientes para contextualizar:
| Indicador | México (2024) | Proyección 2026 | Fuente |
|---|---|---|---|
| Tasa de empleo (población 15+) | 57.2% | 56.8%–58.1% | INEGI, OCDE |
| Tasa de desempleo | 2.7% | 2.5%–3.0% | INEGI |
| Informalidad laboral | 55.1% | 53%–56% | ENOE |
Para una empresa española que busque expandirse o contratar talento en México, es fundamental analizar la tasa de empleo por región y sector. Por ejemplo, en ciudades como Monterrey o Guadalajara, la tasa de empleo formal es más alta, lo que reduce la rotación pero encarece la contratación. En contraste, zonas del sur tienen mayor informalidad, lo que puede ofrecer costos laborales menores pero también más riesgos legales. En definitiva, la tasa de empleo no es un número aislado: hay que interpretarla junto con la calidad del empleo y la demanda de perfiles específicos.

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