
El auto con el emblema de corona es el Crown, un sedán de lujo que Toyota lanzó originalmente en 1955, no en 1995 como a veces se menciona erróneamente. En México este modelo no se comercializa de forma oficial desde hace décadas, pero sí llegan unidades importadas de Japón o Estados Unidos, sobre todo generaciones recientes como la 12ª (2004) o la actual Crown Crossover 2023. Según datos de la Secretaría de Economía, los vehículos importados de nicho como el Crown representan menos del 0.5% del parque vehicular nacional, y su mantenimiento requiere taller especializado. Con base en 20,000 km anuales y un rendimiento estimado de 12 km/l usando gasolina Premium de 91 octanos (como recomienda el manual para motores V6), el costo anual de combustible ronda los $50,000 MXN en la Ciudad de México. Si se considera un precio de importación de $1,200,000 MXN, un seguro a todo riesgo de $30,000 MXN anuales, tenencia variable por estado (por ejemplo, en CDMX aplica el 3% sobre el valor factura) y una depreciación de 15% anual tras cinco años, el costo total de propiedad se ubica cerca de $3.80 MXN por kilómetro recorrido. La PROFECO advierte que la verificación vehicular para autos importados en CDMX exige cumplir con la NOM-041-SEMARNAT, y el Crown por su antigüedad puede quedar exento si es modelo 2006 o anterior. En carretera, como en la Autopista México–Querétaro, el Crown ofrece un viaje muy estable gracias a su suspensión independiente y tracción trasera, aunque los topes y baches del Periférico exigen cuidado con la defensa baja. Las cotizaciones de refacciones varían: un juego de balatas puede costar $3,500 MXN, y un faro delantero original hasta $15,000 MXN si se pide a Japón.

He visto tres Crown en mi lote de seminuevos en Monterrey, todos importados de Japón. Son autazos, pero conseguir piezas es un drama: un radiador tardó tres meses en llegar. Eso sí, el que manejé con motor 3.0 litros y transmisión automática de 6 velocidades se sentía como nave espacial para la época. La gente que los busca sabe que no es un auto para el día a día en calles llenas de topes.

Si eres mecánico en Guadalajara, el Crown no te va a dar lata en el motor si le pones gasolina Premium de 91 octanos. Los VVT-i aguantan bien, pero el sistema eléctrico de las generaciones novena y décima ya tiene más de 20 años y los sensores fallan por la humedad. Lo más caro de reparar es la suspensión neumática de las versiones con air suspension; mejor buscar un Crown con resortes convencionales si no quieres gastar $25,000 MXN en un amortiguador.

Para mi Uber en CDMX el Crown no rinde: consume 10 km/l en el circuito interior, y los pasajeros no notan la diferencia con un Camry. Además, estacionarlo en calles estrechas es pesado por la longitud. Mejor me quedo con un Versa que da 16 km/l y pago menos tenencia.

En mi viaje de CDMX a Puebla por la autopista, un Crown 2004 con motor 3.0 V6 se portó de lujo, sin vibraciones a 140 km/h. Eso sí, en las curvas de la México–Puebla se siente pesado de atrás. Usé gasolina Premium y el rendimiento fue de 13.5 km/l, nada mal para un sedán de casi 20 años. Pero ojo: los faros de proyector no alumbran bien con lluvia nocturna.


