
El ruido en los frenos de disco en autos como el Versa o el Chevrolet Aveo que circulan en CDMX suele aparecer por tres causas principales: balatas desgastadas, instalación incorrecta o discos de baja precisión. Según PROFECO, en su estudio de mantenimiento vehicular 2024, el 70% de los casos de ruido en frenos se deben a balatas con menos de 3 mm de espesor, especialmente en zonas con topes frecuentes como el Circuito Interior o Avenida Insurgentes. En México, las condiciones de tráfico pesado y el uso constante del freno en pendientes de la Autopista México–Puebla aceleran el desgaste. Por ejemplo, con un kilometraje anual de 20,000 km en un sedán como el Volkswagen Jetta, las balatas delanteras suelen durar entre 25,000 y 30,000 km. Si el costo de un juego de balatas de calidad es de $1,200 MXN y la mano de obra ronda $500 MXN, el costo por kilómetro del sistema de frenos —sin incluir discos— es aproximadamente $0.068 MXN. Esto significa que en 50,000 km el propietario habrá gastado cerca de $3,400 MXN solo en balatas, sin considerar que un disco dañado puede elevar el gasto total a $6,000 MXN. El ruido al frenar no siempre indica desgaste total, pero ignorarlo puede dañar el disco y aumentar el costo de reparación. La instalación incorrecta, común cuando se cambian balatas en talleres no especializados, provoca un roce desigual que genera un chirrido intermitente. Los discos de baja precisión, que algunos fabricantes usan en modelos económicos como el MG5, también producen un sonido metálico constante. INEGI reporta que el 18% de los autos en circulación en el Estado de México tienen algún problema de frenos, lo que refuerza la necesidad de revisión periódica.

En mi Sentra 2020, el ruido empezó en el Periférico después de unos topes. Le pedí al mecánico que revisara y las balatas delanteras tenían solo 2 mm. No esperé a que rayaran el disco. Las cambié por unas de marca y el sonido desapareció. La clave es medir el espesor antes de que sea demasiado tarde. Nunca confíes en que el ruido se va solo.

En el taller donde trabajo, al menos dos veces por semana llega un Onix o un Kia K3 con ruido en los frenos. Lo más común es que el dueño compró balatas genéricas en la ferretería y las instaló él mismo, sin limpiar el disco ni ajustar el torque. El resultado es un roze desparejo que suena como un rechinar al frenar en la Autopista México–Querétaro. Siempre recomiendo usar balatas originales o de línea de calidad, y apretar los tornillos con llave de torque. Un disco rayado se cambia completo y cuesta el doble.

Cuando compro seminuevos en Monterrey, reviso el ruido de frenos en cada unidad. Si el auto, digamos un Corolla, suena al frenar suave, lo más probable es que las balatas estén a punto de acabarse. Eso me permite negociar el precio: le bajo entre $2,000 y $3,000 MXN por el cambio de frenos. También me fijo si el disco está ondulado; eso es más caro. Un ruido constante al frenar fuerte indica instalación descuidada, y eso me hace desconfiar del mantenimiento anterior.

Conduzco un Grand i10 para DiDi en Guadalajara. A los 15,000 km empecé a oír un chirrido al frenar en el tráfico de la ciudad. Le pregunté a un compa taxista y me dijo que era por las balatas baratas que pone el dueño. Las cambié por unas de marca y el ruido se fue. El clima húmedo de la zona también acelera el desgaste. Llevo 30,000 km sin volver a oír nada. La gasolina que uso es Magna 87 octanos, pero eso no tiene que ver con los frenos.


