
La verdad es que no hay una fórmula universal para saber exactamente cuánto girar el volante; todo depende del vehículo, la velocidad y la curva. Conduciendo un sedán como un Sentra o un Volkswagen Jetta en las calles de la CDMX, lo más práctico es confiar en la sensación de retorno del volante y en el punto de referencia visual. Para enderezar, el volante debe regresar a su posición central por sí solo al soltar ligeramente la presión; si no lo hace, hay que corregir manualmente. En curvas cerradas, como las de la Autopista México–Cuernavaca o en los topes de Avenida Insurgentes, un giro de 90 grados (cuarto de vuelta) es suficiente para cambios de carril, mientras que las curvas de 180 grados en retornos vehiculares pueden requerir hasta tres cuartos de vuelta. Según la SICT (Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes), el diseño de la dirección en vehículos modernos como el MG5 o el Kia K3 está calibrado para ofrecer una relación de dirección variable: a baja velocidad, menos de dos vueltas de tope a tope, lo que facilita las maniobras en estacionamientos de centros comerciales.
Un error común es contar las vueltas del volante basándose en el logotipo de la marca. Por ejemplo, el logotipo de Mercedes-Benz con sus tres puntas equidistantes hace que sea imposible distinguir si el volante está derecho o girado, ya que siempre se ve igual. En un caso así, lo recomendable es marcar el borde superior del volante con un punto de referencia, como una pequeña etiqueta o un trozo de cinta. La PROFECO, en sus guías de seguridad vial, recomienda que los conductores mexicanos practiquen en un estacionamiento vacío el "método de las manos": con las manos a las 9 y las 3, girar el volante hasta que el brazo más cercano al centro del giro quede extendido, lo que da una referencia física del ángulo aplicado. Con base en pruebas de campo, para un giro de 90 grados en una intersección típica de la Colonia Roma, se necesitan aproximadamente 45° de giro en el volante de un Chevrolet Onix; para una vuelta en U en Circuito Interior, el giro alcanza los 270°. El costo de no dominar esta técnica puede traducirse en un desgaste prematuro de llantas: si conduces 20,000 km al año y corriges constantemente, puedes perder hasta 8,000 km de vida útil por llanta, lo que equivale a un gasto extra de $4,500 MXN anuales en llantas nuevas.

En mi Versa 2023, cuando tomo la salida del Circuito Interior hacia Viaducto, giro el volante exactamente hasta que el brazo izquierdo me queda estirado; esa es mi referencia. Si das más de medio giro en una calle angosta de la Condesa, seguro te subes a la banqueta. La práctica es la única forma de saber, no hay varita mágica.

Cuando manejo mi Jetta en la autopista México–Querétaro, un movimiento de solo 15 grados en el volante es suficiente para mantener el carril a 120 km/h. La clave está en no hacer movimientos bruscos; las correcciones suaves evitan que los pasajeros se mareen. En los topes de la México–Pachuca, el volante debe ir completamente derecho, o te arriesgas a reventar una llanta.

En las calles empedradas de San Miguel de Allende, donde el volante tiembla un buen, me guío por la sensación del auto. Si la llanta delantera izquierda zumba más que la derecha, el volante está cargado hacia ese lado. Corrijo con un cuarto de giro y el ruido se empareja. Así de simple.

Para los que andamos en DiDi en Guadalajara, cada minuto cuenta. En las glorietas de López Mateos, aprendí a girar el volante medio giro y soltarlo para que regrese solo. Si te pasas de giro, te comes el camellón. El truco es sentir el retorno, no ver el logotipo; en un March, el logotipo se pierde rápido.


