
Depende más de dónde y cómo manejes que de una regla fija. Si solo te mueves en la ciudad con clima seco, los guardafangos no son necesarios; pero si recorres carreteras con lluvia frecuente o caminos de terracería, sí ayudan a proteger la pintura y evitar que el lodo acumulado dañe piezas como las rótulas y los extremos de dirección. Según un análisis de PROFECO sobre accesorios de protección vehicular, los guardafangos pueden extender la vida útil de la carrocería al reducir la exposición a piedras y humedad, aunque no son obligatorios por la NOM-012-SCT-2-2020. En la práctica, instalar un juego de guardafangos de buena calidad cuesta entre $1,200 y $2,800 MXN, más la mano de obra. Para un auto que recorre 20,000 km al año en condiciones mixtas (60% ciudad, 40% carretera), el ahorro potencial en repintado de defensas y laterales ronda los $8,000 MXN cada tres años. Sin embargo, hay que considerar que reducen la altura libre al suelo entre 3 y 5 cm, lo que en CDMX con topes altos y calles con baches puede provocar que el guardafango se raspe o incluso se desprenda. También aumentan la resistencia aerodinámica, lo que se traduce en un consumo extra de combustible estimado en 0.3 km/l a velocidades de autopista.
| Ventaja | Desventaja |
|---|---|
| Protege pintura y chasis | Reduce altura libre al suelo |
| Evita lodo en rótulas y bieletas | Genera ruido a alta velocidad |
| Mantiene estética del auto | Disminuye rendimiento de combustible |
Con base en los datos más recientes de PROFECO y SICT (2024), el costo operativo adicional por los guardafangos ronda los $0.12 MXN por km, considerando mayor consumo de gasolina y posible desgaste prematuro en baches. En resumen, son accesorios útiles para ciertos perfiles, pero no indispensables para la mayoría de los autos urbanos en México.

Yo manejo un Versa 2023 en CDMX, puro Periférico y Circuito Interior. Nunca he puesto guardafangos, y con los topes que hay en la colonia, mejor no arriesgarme a que se desprendan. En tres años y 40,000 km, la pintura está bien, solo un par de pedradas en la defensa trasera. En ciudad, los guardafangos suelen ser más un estorbo que una ayuda.

Como mecánico, he visto que en zonas costeras como Veracruz o Cancún los guardafangos ayudan a que no se acumule lodo en las bieletas y rótulas, que se oxidan más rápido con la humedad. Pero ojo: si los pones en un auto bajo, como un Jetta, se te van a reventar con los topes. Además, el ruido de las piedras golpeando el plástico a 100 km/h es molesto. La reducción de altura libre al suelo es crítica en zonas con topes.

En la Autopista México–Querétaro, con lluvia, los guardafangos evitan que el agua sucia se suba a las ventanas. Pero a 120 km/h se escuchan como si trajeras una bolsa de canicas. Los quité a los dos meses. Nunca he tenido problemas de corrosión en las suspensiones, y eso que manejo un Hilux 2019.

En el lote de seminuevos donde trabajo, los autos con guardafangos originales suelen tener mejor estado de la pintura en los bajos, pero no es un factor que suba el precio de reventa. Los compradores prefieren autos sin guardafangos porque muchos los asocian con ruido y mala apariencia. El ruido a alta velocidad puede ser molesto en viajes largos, pero si vives en zona de terracería, sí valen la pena.


