
Sí, es fundamental evaluar las facultades del candidato de manera integral durante el proceso de empleo, no solo por su formación académica, sino por su capacidad real de aplicar conocimientos y habilidades en contextos cambiantes. En 2026, las empresas en España están priorizando pruebas situacionales y entrevistas estructuradas para medir competencias como la resolución de problemas, la adaptabilidad y la comunicación. Por ejemplo, en el sector tecnológico, el uso de assessment centers ha aumentado un 34% según datos de la Asociación Española de Dirección de Recursos Humanos (AEDRH). Esto permite predecir el rendimiento futuro con mayor precisión que un simple currículum. Además, evaluar las facultades del candidato ayuda a reducir la rotación no deseada, ya que se identifican perfiles que realmente encajan con la cultura y las exigencias del puesto. Mi recomendación es combinar pruebas técnicas con dinámicas grupales y entrevistas por competencias, siempre adaptadas al nivel del puesto. De esta forma, se garantiza una selección más justa y eficaz, beneficiando tanto a la empresa como al profesional.

Para mí, lo más importante es no dejarse llevar solo por los títulos. He visto muchos casos donde un candidato con un máster impresionante no sabe trabajar en equipo. Por eso, en mi experiencia, lo mejor es usar ejercicios prácticos durante la entrevista, como un estudio de caso o una simulación. Así puedes ver realmente cómo piensa y actúa esa persona. Y si además incluyes una breve prueba de idiomas o de herramientas específicas, mucho mejor. Así te aseguras de que sus facultades son reales y no solo palabras bonitas en el CV.

Yo creo que el secreto está en preguntar sobre experiencias pasadas. Por ejemplo, en lugar de "¿cómo resolverías X?", pregunto "cuéntame una ocasión en la que tuviste que resolver X". Así evalúo sus facultades aplicadas. También me fijo en su lenguaje corporal y en cómo estructura las respuestas. Si habla con ejemplos concretos y datos, es buena señal. Si solo da teorías, desconfío. Este enfoque me ha ayudado a contratar gente que realmente rinde.

Desde mi punto de vista, la clave es la transparencia desde el primer contacto. Cuando publico una oferta, incluyo una lista clara de las facultades que busco: capacidad analítica, trabajo bajo presión, etc. Luego, en la entrevista, uso una rúbrica de con esos mismos criterios. Así evito sesgos y puedo comparar objetivamente a los candidatos. Además, siempre pido feedback a otros entrevistadores para tener una visión más completa. Este método me ha dado una tasa de acierto del 85% en contrataciones.

Personalmente, pienso que no hay que subestimar las facultades blandas como la empatía o la iniciativa. En mi equipo, un candidato con menos experiencia técnica pero con gran capacidad de aprendizaje y colaboración ha superado a otros con más años. Por eso, en las entrevistas incorporo preguntas de comportamiento y un pequeño test de resolución de conflictos. Si encajan bien en la dinámica del grupo, luego se forma en lo técnico. Es más rentable a largo plazo y reduce la rotación. Las estadísticas de mi empresa lo confirman: la retención subió un 20% desde que aplicamos este enfoque.


