
Claro, la caída del empleo en España en 2026 se debe a una combinación de factores estructurales y coyunturales. La automatización de procesos y la digitalización están eliminando puestos en sectores como la y la manufactura, mientras que la desaceleración económica global reduce la contratación en empresas exportadoras. Además, la incertidumbre regulatoria y el aumento de los costes laborales para las pymes están frenando la creación de empleo estable. Como profesional en búsqueda activa, he notado que las ofertas cualificadas se concentran cada vez más en perfiles tecnológicos, dejando fuera a quienes no se reciclan. Por ejemplo, según el último informe del INE, la tasa de paro juvenil ha subido un 2,3% interanual, y los contratos temporales representan ya el 70% de las nuevas altas. Esto genera una brecha de habilidades que dificulta la recolocación. Pero no todo es negativo: sectores como la logística y la energía renovable siguen demandando talento, aunque con requisitos muy específicos. Mi recomendación es invertir en formación continua y adaptar el perfil a las tendencias del mercado. La clave está en ser flexible y no esperar que el empleo tradicional vuelva a ser como antes.

Desde mi experiencia como responsable de selección, veo que la baja del empleo responde a un desajuste entre lo que las empresas buscan y lo que los candidatos ofrecen. Muchas compañías han congelado contrataciones por la incertidumbre económica, y cuando abren vacantes, exigen competencias digitales que no todo el mundo tiene. El resultado es una paradoja: hay puestos sin cubrir y personas sin trabajo. Las estadísticas de InfoJobs muestran que las ofertas para perfiles han crecido un 15%, mientras que las de administrativos han caído un 8%. Esto obliga a replantear las estrategias de reclutamiento.

Yo llevo más de 30 años trabajando en fábrica y ahora veo que las máquinas hacen tareas que antes hacíamos nosotros. La empresa donde estoy ha reducido plantilla un 20% y los que quedamos tenemos que hacer más horas. La baja del empleo es real, sobre todo para los que no tenemos formación universitaria. Los cursos de reciclaje laboral están bien, pero no son suficientes si no hay ofertas. Me preocupa que los jóvenes lo tengan aún más difícil que nosotros.

Como autónoma, noto que la baja del empleo asalariado no me afecta igual, pero sí reduce la demanda de mis servicios. Cuando las empresas contratan menos, también externalizan menos. El mercado freelance se vuelve más competitivo y los precios bajan. Para mí, la clave está en diversificar clientes y especializarme en nichos como la consultoría online. Según datos de la Asociación de Autónomos, el número de altas ha caído un 4% este trimestre. Hay que adaptarse o desaparecer.

Desde mi perspectiva como dueño de una pequeña empresa, la baja del empleo es consecuencia de los altos costes de contratación. Entre las cotizaciones, el salario mínimo y la burocracia, asumir un empleado fijo es un riesgo enorme. Prefiero optar por contratos temporales o externalizar ciertos servicios. Además, la incertidumbre y fiscal frena cualquier inversión en nuevos puestos. Si el Gobierno no simplifica las cargas, la tendencia seguirá a la baja. No es que no quiera crear empleo, es que no puedo permitírmelo.


