
Sí, varios oficios han desaparecido o están en vías de extinción en México, principalmente por la automatización, la digitalización y los cambios en los hábitos de consumo. Oficios como el lechero, el afilador ambulante, el telefonista de central manual, el telegrafista y el vendedor de carbón para cocina han perdido su espacio en el mercado laboral formal. Su desaparición refleja una transición económica donde tareas manuales y de intermediación son reemplazadas por tecnología y cadenas de suministro modernas. Según el INEGI, la composición del empleo por sector ha cambiado drásticamente en 20 años, con una contracción constante en actividades primarias y ciertos servicios personales tradicionales, mientras crecen los servicios profesionales y . Un análisis de OCCMundial sobre tendencias de empleo señala que la demanda se concentra ahora en habilidades digitales, logística especializada y atención al cliente tecnificada, dejando atrás perfiles puramente manuales sin adaptación. El costo-beneficio para una empresa de contratar, por ejemplo, un repartidor de hielo a domicilio versus adquirir un refrigerador industrial, hace inviable el primero. El sueldo mensual bruto de aquellos oficios, ajustado a la actualidad, sería difícil que superara el salario mínimo profesional, y carecerían de las prestaciones de ley como IMSS e INFONAVIT que hoy son fundamentales. Su desaparición no es solo tecnológica, sino también de modelo económico: antes se pagaba por un servicio recurrente y muy personalizado; hoy se paga por la posesión de un bien (refrigerador, teléfono celular) o por una suscripción a un servicio digital masivo.

Mi abuelo fue lechero en Guadalajara hasta los años 90. Él contaba que su jornada empezaba a las 3 de la mañana, repartiendo litro por litro, anotando las deudas en una libreta. Ganaba por comisión de lo vendido, sin sueldo base fijo, y obvio sin IMSS. Se fue acabando cuando llegaron las tiendas de autoservicio y la gente prefirió comprar leche pasteurizada en el super. Ahora, lo más parecido es el repartidor de apps, pero es totalmente distinto: no conoces al cliente, usas una app para las rutas, y el pago es por viaje, a veces con horarios más flexibles pero con mucha más incertidumbre. Lo que se perdió fue ese trato directo y de confianza con el barrio.

El oficio de telefonista en centrales manuales murió con la digitalización de Telmex. Era un trabajo estable, de oficina, con horario fijo y probablemente con prestaciones de ley. Lo reemplazaron las centrales digitales y luego el VoIP. Hoy, la atención telefónica la hacen ejecutivos de call center, que aunque es un oficio masivo, tiene alta rotación, horarios por turnos y un modelo de presión por métricas que nada que ver con la operación manual de antes.

El afilador ambulante con su silbato característico es un caso curioso. No ha desaparecido del todo, pero su mercado se redujo a nichos muy específicos. Antes, afilaba cuchillos, tijeras y herramientas de todo un vecindario. Hoy, la mayoría prefiere comprar herramientas desechables o nuevas antes que afilarlas. Los que sobreviven suelen atender restaurantes o talleres pequeños, pero es un ingreso muy irregular. Hace unos años, un afilador en mi colonia en CDMX me comentó que puede ganar unos $800-$1,200 MXN en un buen día, pero hay semanas sin trabajo. No tiene social, su herramienta es su propia inversión, y el oficio no atrae a jóvenes. Es un ejemplo de cómo la cultura del "usar y tirar" y la disponibilidad de productos baratos acaban con un servicio artesanal. Su conocimiento sigue teniendo valor, pero el modelo económico ya no lo sostiene como profesión de tiempo completo para la mayoría.

Algunos nombres sobreviven pero el trabajo cambió totalmente. "Pregonero" ya no es el que grita noticias en la plaza, sino community managers o influencers que promocionan productos en redes sociales. Y el "carbonero" quizá ya no vende carbón para cocinar, pero sí para asadores en fin de semana, más como un negocio eventual que como un oficio de sustento diario. La esencia de comunicar o vender un producto físico sigue, pero los canales y la escala son otros.


