
La estabilidad en el empleo real y absoluta es un concepto que a menudo se malinterpreta. Para ser clara: la estabilidad real se refiere a un puesto con contrato indefinido, bajas tasas de rotación y un entorno predecible, mientras que la estabilidad absoluta implicaría una garantía de empleo de por vida, algo que en el mercado laboral actual, y más en España, es prácticamente inalcanzable. Según datos del INE de 2025, la tasa de temporalidad en nuestro país aún roza el 18%, y aunque los contratos fijos han aumentado tras la reforma laboral, la absoluta no existe.
Para mí, que llevo cinco años en el mismo sector tecnológico, la clave está en diferenciar entre la seguridad del papel y la seguridad real. Un contrato fijo puede ser revocado, y una empresa puede cerrar. Por eso, la verdadera estabilidad se construye con habilidades actualizadas, una red de contactos amplia y una actitud adaptable. En mi caso, he visto a compañeros con puestos fijos perder su trabajo por reestructuraciones; la estabilidad absoluta es un mito. La real, en cambio, se logra cuando la empresa invierte en tu crecimiento y tú eres valioso para el mercado.
A continuación, una comparación que suelo usar para entenderlo mejor:
| Aspecto | Estabilidad Real | Estabilidad Absoluta |
|---|---|---|
| Tipo de contrato | Indefinido o fijo discontinuo | Garantía vitalicia (funcionario, con riesgos) |
| Duración | Mientras la empresa o el sector se mantengan | Hasta la jubilación, sin cambios |
| Riesgo | Bajo, pero no nulo | Idealmente nulo, pero irreal |
| Dependencia | De la empresa y del mercado | De la empresa o el Estado |
| Ejemplo en España | Contrato indefinido en una startup consolidada | Plaza de funcionario con estabilidad presupuestaria |
En resumen, la estabilidad real es un objetivo alcanzable si trabajas en un sector sólido y cuidas tu empleabilidad. La absoluta, en cambio, es un espejismo que conviene no perseguir.

Desde mi experiencia, la estabilidad absoluta es una trampa. He tenido contratos fijos en dos empresas grandes, y en ambas sentí que mi crecimiento se estancaba. La estabilidad real para mí no es un papel, sino la libertad de elegir. Prefiero trabajar como autónomo, con proyectos variados, aunque tenga que asumir más incertidumbre. En España, la reforma laboral ha mejorado las cosas para los fijos, pero si buscas una total, acabas atado a una cultura que a veces no valora tu talento. Lo mejor es tener ingresos diversificados y no poner todos los huevos en una sola cesta. La estabilidad real es poder decir «no» a un mal contrato.

Después de siete años encadenando contratos temporales en hostelería y logística, conseguí un indefinido en una empresa mediana. Pero pronto descubrí que la estabilidad no es solo el tipo de contrato; la cultura empresarial y el trato con los jefes importan más. Mi puesto es fijo, pero los horarios cambian cada semana y hay presión constante. La estabilidad absoluta no existe, ni siquiera en el sector público. Lo que me ha dado verdadera es formarme continuamente y tener un colchón de ahorros. Si dependes solo de tu nómina, cualquier crisis te desestabiliza. Aprendí a valorar más la adaptabilidad que la permanencia.


