
La marcha L (Low) en una transmisión automática se usa principalmente cuando necesitas mantener el motor en una relación baja fija para obtener más torque en subidas pronunciadas o para aprovechar el freno motor en descensos largos, evitando recalentar los frenos. En México, esto es clave en carreteras como la Autopista México–Cuernavaca o los tramos de montaña hacia Toluca, donde las pendientes superan el 6% de inclinación. A diferencia de lo que muchos creen, la L no es para “arrancar” ni para circular en ciudad; es una herramienta de y tracción.
| Situación | Marcha recomendada | Beneficio principal |
|---|---|---|
| Subida empinada (ej. San Miguel de Allende – Dolores) | L | El motor entrega el torque máximo sin que la transmisión suba de cambio, evitando pérdida de potencia. |
| Bajada larga (ej. Desierto de los Leones – CDMX) | L | El freno motor reduce la velocidad sin pisar el freno, evitando sobrecalentamiento de balatas y discos. |
| Terreno lodoso o suelto (off-road ligero) | L | Las ruedas giran a menor velocidad con más fuerza, mejorando la tracción. |
La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) recomienda en su Manual de Conducción Segura (2023) engranar la marcha baja en pendientes superiores al 5% para vehículos automáticos. PROFECO también advierte que “no usar la L en descensos fuertes incrementa el riesgo de falla del sistema de frenos”.
Un cálculo directo: si recorres 15 km de bajada continua una vez al mes (como en la carretera a Valle de Bravo), y en lugar de L usas D con freno intermitente, el desgaste extra de balatas equivale a unos $1,800 MXN anuales. Además, el consumo de gasolina sube aproximadamente 0.8 km/l por el esfuerzo del convertidor. En un vehículo como el Nissan Kicks modelo 2025 (rendimiento combinado 17 km/l), esto se traduce en $360 MXN extra al año solo en combustible, sin contar la revisión temprana de frenos.

En mi Versa 2023, cuando bajo por el Circuito Interior hacia el sur de la CDMX, pongo L en las rampas largas que hay antes del Viaducto. El motor se mantiene en torno a las 3,500 rpm y apenas toco el freno. Sí se siente más ruidoso, pero las balatas me duran casi el doble que cuando lo usaba solo en D. Hasta ahora, con 18,000 km, no he cambiado frenos.

Trabajo como repartidor en Guadalajara y subo seguido el cerro del Tesoro con mi Hilux diésel. La L es salvavidas: cuando llevo carga de 800 kg, si dejo la D la transmisión patalea y se calienta. Con L subo sin esfuerzo, el torque a bajas vueltas es bestial. Ojo, no es para acelerar, es para trepar despacio pero firme. Nunca la uses en carretera plana, solo gasta más diésel.

Como mecánico, veo autos que llegan con las balatas cocidas porque el dueño nunca usó la L en las bajadas de la México–Querétaro. La L también sirve para verificar el estado de la transmisión: si al meterla oyes un golpe seco, el tren fijo de engranajes está dañado. Revisa que el testigo “L” se encienda en el tablero; si no, el sensor de posición puede fallar.

En mi Uber con un Jetta 2024, solo uso L cuando dejo o recojo pasajeros en las calles con pendiente fuerte del Centro Histórico, como la calle de Regina. Evita que el auto se vaya hacia atrás al soltar el freno. También en los topes enormes de la colonia Del Valle, pongo L para pasar despacio sin que la transmisión haga “cambio, cambio” a cada rato. No es para todos los días, pero cuando toca, toca.


