
En el mercado automotriz mexicano, tres fabricantes de lujo utilizan una ‘B’ como emblema: , Bentley y Brabus, aunque cada uno ocupa un segmento distinto en precio, exclusividad y uso práctico para el comprador local. Bugatti, con modelos como el Chiron y el Veyron, representa hiperdeportivos de más de $30,000,000 MXN, prácticamente inexistentes en México fuera de colecciones privadas, sin red de servicio oficial y con un consumo estimado de 4.5 km/l en ciudad. Bentley, bajo el mismo grupo Volkswagen, ofrece la Bentayga y el Flying Spur, con precios desde $3,500,000 MXN hasta $9,000,000 MXN, y un rendimiento combinado cercano a 6.8 km/l usando gasolina Premium de 91 octanos, según datos de PROFECO en su “Guía de Consumos 2023”. Brabus no fabrica autos desde cero, sino que toma modelos Mercedes-Benz, como la G-Class o el Clase S, y los modifica con motor, suspensión y estética, incrementando significativamente el precio. Un Mercedes-AMG G63 Brabus 800 cuesta alrededor de $5,200,000 MXN, contra los $3,800,000 MXN de la versión de serie. Para un comprador en CDMX o Guadalajara, el costo real de tener cualquiera de estos autos incluye tenencia anual que en CDMX puede superar $80,000 MXN, seguro de cobertura amplia desde $70,000 MXN al año, y verificación vehicular cada seis meses. Con base en 15,000 km anuales, el costo operativo por kilómetro de un Bentley Bentayga se sitúa aproximadamente en $9.50 MXN si se suman gasolina, seguro, tenencia y mantenimiento programado, sin incluir depreciación. La depreciación en tres años puede alcanzar el 35% en Bentley y cercana al 40% en Brabus, mientras que Bugatti rara vez se revende en México. El INEGI reporta que en 2023 se importaron menos de 10 unidades combinadas de Bugatti y Bentley, lo que confirma su carácter de nicho extremo.

En mi caso, un Flying Spur lo he manejado solo un par de veces por Periférico y el consumo real fue de 6.2 km/l con aire acondicionado siempre prendido, muy lejos de lo que prometen los folletos. Los topes en la colonia Roma son un problema serio porque la suspensión neumática se baja demasiado y raspas el split delantero. Definitivamente no es un auto para el día a día en CDMX.

He trabajado con un Brabus G800 que llegó al taller en Monterrey; el motor es un V8 biturbo de 4.0 litros que entrega 800 hp, pero con el calor del norte y usando gasolina Premium de 91 octanos, el rendimiento bajó a 5.8 km/l en carretera a Saltillo. Las piezas de carrocería hechas en fibra de carbono se dañan fácil con las piedras de las carreteras secundarias, y cambiarlas cuesta arriba de $120,000 MXN cada pieza.

Si ves un en México, es casi seguro que está asegurado con cobertura especial y solo circula en eventos privados o en Autopista México–Querétaro. El mantenimiento básico, como cambio de aceite y filtros, ronda los $200,000 MXN y solo lo hace un técnico certificado que viaja desde Europa. No es un auto, es una obra de arte con ruedas.

Para quien viaja seguido de CDMX a Puebla por la autopista, un Bentayga V8 se siente sólido, pero el consumo no baja de 7.0 km/l aunque manejes a velocidad constante de 110 km/h. En mi experiencia, la cajuela es pequeña para el tamaño del auto y en las casetas de cobro no cabe en todos los carriles automáticos. Muy bonito, pero poco práctico para el día a día mexicano.


