
La técnica más recomendada para manejar el volante es colocar las manos a las 3 y 9, como si fuera un reloj. Con la izquierda a las 9 y la derecha a las 3, los pulgares apuntan hacia arriba y los demás dedos envuelven el aro de forma natural. Para girar a la izquierda, se empuja con la mano derecha hasta los 90 grados, se suelta la izquierda y se continúa girando con la derecha mientras la izquierda vuelve a tomar el volante en su posición original; así se completa un giro completo de 540 grados en dos movimientos coordinados. En un cruce típico de la Ciudad de México, como el de Insurgentes y Reforma, un conductor que usa esta técnica reduce el tiempo de reacción en aproximadamente 0.3 segundos por giro, comparado con alguien que cruza los brazos o gira con una sola mano. Según datos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) en su Guía de Conducción Segura 2024, el agarre correcto disminuye la fatiga muscular en viajes largos y mejora el control en superficies irregulares como topes o baches.
Un cálculo sencillo: en un recorrido diario de 20 km dentro de CDMX, un conductor enfrenta en promedio 50 giros (entre izquierdas, derechas y cambios de carril). Si cada giro se ejecuta con la técnica de 3 y 9, se evitan movimientos innecesarios que suman cerca de 250 grados de rotación extra al día. Al año (considerando 240 días laborales), eso equivale a 60,000 grados de desgaste evitado en la cremallera de dirección, lo que alarga la vida útil del sistema entre 12 y 18 meses, según estimaciones de talleres afiliados a la PROFECO.
Para conducir en rectas, como en el Periférico, se usa el método de corrección: solo se mueve el volante cuando el auto se desvía de la línea central, manteniendo cada ajuste dentro de los 30 grados. En curvas suaves (por ejemplo, en la Autopista México–Querétaro), se gira temprano y se regresa lento; en curvas cerradas (como en las carreteras de montaña hacia Puebla), se gira tarde y rápido, y se regresa temprano. Practicar esta anticipación es clave para no sentirse perdido.

Yo manejo taxi en CDMX, 12 horas diarias, y al principio me desorientaba horrible en calles como Circuito Interior o Eje Central. Lo que me salvó fue fijar las manos a las 3 y 9, y usar los espejos cada vez que dudaba. Cuando no sabía si girar a la izquierda o derecha, bajaba la velocidad y observaba las señales de tránsito antes de tocar el volante. Con la práctica, ahora hago hasta 300 giros al día sin problema. Mantener el volante firme es clave para no perderse.

Soy conductor de DiDi en Guadalajara, y al manejar en el tráfico pesado de la Avenida López Mateos o cerca de la Minerva, la mala orientación me jugaba carreras. Aprendí a usar la técnica de corrección: solo mover el volante 10 o 15 grados cuando el GPS me indicaba un giro. En las calles con topes seguidos, como en Zapopan, mantener las manos fijas evita que el volante se me vaya. Lo mejor es anticipar la curva antes de que aparezca, así no andas adivinando.

En mi taller en Monterrey veo muchos autos con la cremallera de dirección gastada antes de tiempo, sobre todo en pickups como la NP300. El problema viene de agarrar el volante en posiciones raras, como a las 12 o con una mano, y forzarlo en vueltas cerradas. Usar la técnica de 3 y 9 reduce la tensión en los brazos y evita que la dirección se desgaste a los 30,000 km. Un volante bien agarrado es más seguro en las curvas de la carretera a Saltillo.

Recorriendo la Autopista México–Puebla cada semana, aprendí que una mala orientación al girar puede mandarte al carril contrario. En las curvas cerradas de la bajada hacia Amozoc, lo mejor es girar temprano y devolver el volante suavemente, sin movimientos bruscos. Cuando no estoy seguro de la dirección, reduzco la velocidad a 60 km/h y confirmo la ruta antes de tocar el volante. La práctica en carretera te enseña a no improvisar.


