
No enderezar el volante al estacionar sí genera problemas mecánicos que a la larga pesan en tu bolsillo. Cuando dejas las llantas giradas, el sistema de dirección, los bujes de la suspensión y las llantas mismas quedan sometidos a una carga constante que no está diseñada para soportar horas o días. En México, donde abundan los topes, baches y banquetas irregulares en calles como las de la CDMX o el Estado de México, ese desgaste se acelera. Un dato concreto: según PROFECO en su guía de vehicular 2024, una alineación mal cuidada puede reducir la vida de las llantas hasta en un 30%. Si cada llanta cuesta $2,500 MXN en un sedán como el Nissan Sentra, eso significa un desgaste anticipado de $3,000 MXN por juego de cuatro.
Además, el esfuerzo constante en la cremallera de dirección y en los brazos de control puede provocar que el auto tire hacia un lado al circular. En un estudio de la SICT sobre seguridad vial (2023) se menciona que una desviación de medio grado en el ángulo de convergencia incrementa el consumo de combustible en aproximadamente un 2% en ciudad. Para quien recorre 20,000 km al año con un rendimiento de 14 km/l, eso son unos 28.6 litros extra de gasolina Magna, equivalentes a $600 MXN anuales. No es una fortuna, pero sumado al costo de una alineación ($500–$800 MXN) y el reemplazo prematuro de llantas, el verdadero impacto está en la confianza al volante.
El daño no es inmediato, pero se acumula: los bujes de goma se endurecen, la cremallera pierde precisión y la suspensión trabaja desbalanceada. Un cálculo sencillo: si por no enderezar el volante cada semana reduces 6 meses la vida de las llantas (vida útil típica de 4 años), la depreciación anual de ese mal hábito ronda los $750 MXN solo en llantas, sin contar suspensiones ni dirección. Lo mejor es adoptar la costumbre de dejar las ruedas rectas y el volante centrado cada vez que apagues el motor.
El volante debe quedar recto para evitar cargas laterales en la suspensión.
No enderezar acelera el desgaste de llantas y bujes en calles con topes.
Unos minutos de hábito ahorran miles de pesos en reparaciones a largo plazo.

Llevo tres años manejando Uber en la CDMX y te digo: dejo el volante recto siempre, aunque sea en pendiente. Una vez lo dejé torcido por semanas y la dirección empezó a sonar en Periférico. La cremallera se puso dura y la alineación me costó $700 MXN. Para colmo, las llantas delanteras se gastaron disparejas antes de los 30,000 km. No vale la pena.

Soy mecánico en un taller de la México–Querétaro y cada semana veo casos de autos como el Onix o el Volkswagen Jetta con bujes de suspensión rotos por estacionar con el volante torcido. La llanta ejerce presión constante sobre el brazo de control y el silentblock se reseca. Con los baches de la autopista y los topes de las entradas, ese esfuerzo extra termina en un reemplazo prematuro que cuesta entre $1,200 y $1,800 MXN por lado.

En mi lote de seminuevos reviso que el volante esté centrado al recibir un auto. Si noto desgaste irregular en las llantas o la dirección floja, bajo el precio. Los compradores se fijan en la tenencia y el historial de servicio, pero un detalle así les hace desconfiar. Un Sentra 2020 con dirección dañada puede perder hasta $8,000 MXN en su valor de reventa.

Manejo diario de Monterrey a Saltillo, carretera recta pero con calorón y largas horas. Si el volante no está recto al estacionar en casa, al día siguiente siento que el auto tira ligerito a la derecha. En la autopista eso cansa los brazos y, con el tiempo, los bujes de la suspensión se aflojan. Prefiero gastar 10 segundos en enderezarlo que pagar una suspensión completa después.


