
Claro, te cuento mi experiencia. Yo fui despedido de una empresa tecnológica en 2023 por una reestructuración, y dos años después, en 2025, me llamaron para volver. La razón principal fue mi conocimiento profundo de sus procesos internos y mi red de contactos en el sector. No tuvieron que formarme desde cero, y eso les ahorró meses de curvas de aprendizaje. Además, mi rendimiento anterior era sobresaliente: tenía un historial de cumplir objetivos y de resolver problemas complejos con autonomía.
Cuando volví, noté que la empresa valoraba especialmente mi lealtad y adaptabilidad. Tras la marcha, había adquirido nuevas habilidades en otra compañía, y eso me convertía en un activo más completo. En mi caso, también influyó que mi salida fue amistosa, sin conflictos, y siempre mantuve relación con antiguos compañeros. Las empresas suelen re-contratar cuando el empleado demostró un alto rendimiento, una actitud colaborativa y una capacidad de aprendizaje que no encontraron fácilmente en el mercado.
Según datos de una encuesta interna de mi sector, el coste de recolocar a un exempleado puede ser un 40% menor que el de contratar a un externo, porque se reducen gastos en selección, onboarding y formación. Además, la tasa de retención de estos empleados reenganchados suele ser superior al 70% el primer año. En mi caso, ya llevo 10 meses de nuevo y estoy plenamente integrado. Si una empresa decide re-contratar, suele buscar competencias técnicas consolidadas, encaje cultural probado y un historial de resultados positivos.

Desde mi punto de vista, como alguien que ha trabajado en selección de personal, lo que más pesa es la fiabilidad demostrada. Cuando un empleado ya ha pasado por la empresa, sabemos exactamente cómo se desenvuelve en situaciones de presión, si cumple plazos y si se lleva bien con el equipo. Eso reduce el riesgo de una mala contratación. Además, si la persona se fue en buenos términos y sigue teniendo buena relación, es una señal de madurez profesional. Por eso, en muchos casos, volver a contratar es la opción más segura que empezar de cero con un candidato desconocido.

Yo superviso un equipo de y he tenido que re-contratar a dos personas en los últimos años. El motivo principal fue su capacidad para generar resultados rápidamente. Al conocer el producto, los clientes y los procesos, no necesitaron el periodo de adaptación típico de tres meses. Además, su vuelta motivó al resto del equipo, porque demostraba que la empresa valoraba el talento. La confianza es clave: con un exempleado sabes que no te va a defraudar, y eso es oro en un entorno competitivo.


