
La realidad es que las empresas no contratan a recién graduados principalmente por la brecha entre lo que se enseña en la universidad y lo que se necesita en el trabajo. No es que no quieran dar oportunidades, sino que el coste de formación y el tiempo de adaptación suele ser demasiado alto para puestos que requieren resultados inmediatos. Según un informe de Adecco de 2025, el 68% de las compañías en España afirma que los titulados recién salidos carecen de habilidades prácticas como la o la comunicación profesional.
Además, el proceso de selección se ha vuelto más exigente. Las empresas buscan candidatos que ya hayan tenido contacto con el entorno laboral, aunque sea mediante prácticas no remuneradas o voluntariado. Un recién graduado sin experiencia previa compite con personas que ya han demostrado su valía en otros puestos, aunque sean temporales.
| Factor clave | Porcentaje de empresas que lo considera barrera |
|---|---|
| Falta de experiencia práctica | 72% |
| Habilidades blandas no desarrolladas | 65% |
| Desconocimiento del sector | 58% |
| Coste de formación interna | 54% |
También influye la saturación de titulaciones: hay muchas carreras con más graduados que ofertas, lo que permite a los reclutadores ser selectivos. En mi experiencia, cuando un recién graduado muestra iniciativa con proyectos personales, cursos extra o un portfolio, suele tener más posibilidades. La clave está en demostrar que se puede aportar valor desde el primer día, aunque sea con una actitud de aprendizaje rápido.

Desde mi punto de vista, el problema muchas veces está en cómo los recién graduados se presentan al mercado. He visto casos de candidatos que envían el mismo currículum genérico a todas las ofertas, sin adaptar ni una coma. Eso demuestra falta de interés real. Si no investigas la empresa, no entiendes sus necesidades ni destacas cómo puedes ayudar, ¿por qué iban a arriesgarse contigo? Los reclutadores valoramos mucho la personalización y el esfuerzo extra. Un simple correo de seguimiento o una carta de motivación bien escrita puede marcar la diferencia. Pero muchos ni lo intentan.

Otra razón que he observado es que las empresas pequeñas no pueden permitirse formar a un novato. En mi propia experiencia, cuando empecé a trabajar en una startup, necesitábamos a alguien que rindiera desde el día uno. Contratar a un recién graduado implicaba semanas de , mientras que un profesional con un par de años de experiencia ya conocía el ritmo. Para una pyme, ese tiempo es dinero. Por eso muchas optan por perfiles más rodados, aunque tengan un sueldo ligeramente mayor. Al final, es una cuestión de recursos y de supervivencia.

Creo que también existe un miedo al riesgo de rotación. Los recién graduados, al no tener vínculos fuertes con una empresa, suelen cambiar de trabajo con frecuencia en los primeros años. He visto cómo en mi sector, la hostelería, prefieren a gente con un historial de estabilidad. Invertir en formar a alguien que se va a los seis meses resulta frustrante. Además, muchos jóvenes no saben negociar condiciones realistas y luego se sienten insatisfechos. Las empresas calculan ese riesgo y optan por candidatos que ya han demostrado compromiso en otras empresas, aunque sea en puestos inferiores.

Desde una perspectiva más personal, la falta de redes de contacto es un lastre enorme. Yo conseguí mi primer empleo gracias a un conocido que me recomendó. Los recién graduados que no tienen contactos en el sector lo tienen mucho más difícil. Las empresas confían más en referencias internas que en un currículum sin aval. Además, muchos titulados no aprovechan las ferias de empleo ni las prácticas curriculares para construir relaciones. Si no te ven la cara o no hablas con alguien dentro, es muy complicado que te llamen. No es justo, pero es la realidad del mercado laboral actual.


