
El empleo informal afecta a un amplio espectro de la sociedad, pero los grupos más vulnerables son los jóvenes menores de 30 años, los inmigrantes recién llegados, los trabajadores mayores de 50 años que han perdido su empleo formal y los autónomos que facturan por debajo del umbral legal. En mi experiencia, conozco a muchos jóvenes que empiezan su carrera en plataformas digitales o en hostelería sin contrato. No solo pierden derechos laborales básicos, sino que su futuro queda atado a la inestabilidad.
Para que te hagas una idea, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2025, la tasa de informalidad en España se concentra especialmente en ciertos sectores. Aquí te muestro una tabla con los colectivos más afectados y su porcentaje estimado sobre el total de empleo informal:
| Colectivo | Porcentaje estimado sobre empleo informal |
|---|---|
| Jóvenes (16-29 años) | 35% |
| Inmigrantes extracomunitarios | 28% |
| Mayores de 50 años | 20% |
| Autónomos sin estructura | 17% |
Esto no es cosa de un grupo pequeño. El empleo informal también afecta a las empresas que compiten deslealmente, a la hacienda pública que pierde ingresos y, al final, a toda la sociedad que sostiene el estado de bienestar. Si trabajas sin contrato, no cotizas para pensión ni desempleo, y cualquier accidente te deja desprotegido. La clave está en entender que la informalidad no es una opción, sino una consecuencia de la falta de oportunidades reales.

A mí me afecta directamente. Tengo 58 años, me quedé sin trabajo en una fábrica hace tres años y desde entonces solo encuentro chapuzas: cuidar jardines, hacer mudanzas, todo sin papeles. El empleo informal es mi única salida, pero también mi condena. No tengo derecho a paro, ni a baja médica, ni a una pensión digna. Mis amigos de la misma edad están igual. Afecta a los que ya no somos “empleables” para el mercado formal, y eso duele porque trabajamos igual o más que antes.

Soy inmigrante, llevo dos años en España y trabajo en una cocina sin contrato. El empleo informal afecta a los que llegamos sin red de apoyo. Mi jefe sabe que no puedo reclamar porque necesito el dinero y no tengo papeles. Afecta a nuestra salud mental y física, porque no podemos quejarnos de horarios ni condiciones. Muchos compañeros están igual, y eso crea un círculo vicioso de precariedad que no nos deja salir adelante.

Desde mi punto de vista como pequeño empresario, el empleo informal afecta a quienes intentamos cumplir la ley. Contratar a alguien sin darle de alta parece más barato, pero te arriesgas a multas y a que el trabajador no esté motivado. Afecta a la competencia leal, porque otros negocios que sí pagan y cotizaciones no pueden competir con precios tan bajos. Al final, todos perdemos: el trabajador, el empresario honesto y el Estado.

El empleo informal no solo afecta a los trabajadores, sino también a los profesionales de recursos humanos y a las políticas de contratación. Cuando una empresa busca talento, la informalidad distorsiona el mercado. Afecta a la capacidad de retener talento, porque los empleados informales no tienen incentivos para quedarse. Además, las empresas formales se ven forzadas a subir salarios para competir con la economía sumergida, lo que encarece la contratación legal. Es un problema sistémico que requiere soluciones estructurales, no solo multas.


