
Claro, te doy una respuesta directa: lo primero es no actuar con impulsividad ni humillar al empleado. Si sorprendes a alguien haciéndose el pendejo (simulando trabajar, distrayéndose o evitando tareas), lo más efectivo es documentar la situación con pruebas concretas (registros de productividad, capturas de pantalla, testigos) y después programar una reunión privada para abordar el comportamiento. En España, el Estatuto de los Trabajadores respalda medidas disciplinarias siempre que sean proporcionadas y estén basadas en hechos objetivos.
Un enfoque profesional sigue estos pasos:
| Paso | Acción | Detalle clave |
|---|---|---|
| 1 | Observación y registro | Anota fecha, hora, tarea esperada vs. real. |
| 2 | Conversación individual | Pregunta abierta: “¿Noté que estabas en pausa… ¿pasa algo?”. |
| 3 | Establecer expectativas | Recuerda las metas semanales y el impacto en el equipo. |
| 4 | Seguimiento | Revisa en 1-2 semanas si hay mejora. |
| 5 | Medida formal si persiste | Amonestación por escrito o reducción de variable. |
Lo importante es no etiquetar a la persona, sino centrarte en la conducta. Muchas veces detrás de ese “hacerse el pendejo” hay falta de motivación, sobrecarga o problemas personales. Un buen líder investiga antes de sancionar. Según un estudio de Randstad (2024), el 37% de los empleados en España admite perder tiempo por falta de claridad en sus funciones. Aprovecha esa conversación para redefinir prioridades y, si es necesario, ofrecer apoyo o formación. Si persiste la actitud, aplica el procedimiento disciplinario recogido en el convenio colectivo de tu sector.

Pues mira, yo he tenido un compañero así. Lo pillé varias veces viendo el móvil mientras el jefe pasaba. Lo mejor es no hacerte el héroe delante de todos. Si eres su compañero, habla con él en privado, sin acusar: “Oye, ¿necesitas ayuda con algo? Noto que te cuesta concentrarte”. A veces la persona no es consciente de que se le nota. Si no cambia, ya es cosa del mando. No te metas en líos ni te conviertas en chivato, porque luego la confianza se pierde.

Desde mi experiencia como mando intermedio, lo peor es mirar para otro lado. Si sabes que alguien se hace el pendejo y no actúas, el resto del equipo se desmotiva. Aplica el método del “feedback inmediato”: nada de esperar a la anual. En el momento, dile: “He visto que te has parado 20 minutos sin producir. ¿Qué ha pasado?”. Así el mensaje es claro, pero das oportunidad de explicación. Si es reiterado, súbelo a RRHH con datos objetivos.

Trabajo en una startup y aquí la tolerancia es baja. Si alguien se hace el pendejo, lo hablamos en la daily. Transparencia total: “Ayer tu productividad bajó un 40% según el tracker. ¿Qué ocurrió?”. No es un ataque, es un dato. El equipo lo agradece porque todos sabemos que el tiempo de todos vale. Eso sí, nunca critiques en público; la daily es para temas de equipo, pero la conversación dura se hace en privado. Si no mejora, hay un proceso de performance improvement plan (PIP) de 30 días.

Como responsable de selección y cultura, creo que la prevención es clave. Si un empleado se sorprende haciéndose el pendejo, pregúntate por qué el sistema lo permitió. Tal vez la carga de trabajo está mal repartida, o no hay objetivos claros. Mide con indicadores objetivos (tareas completadas, tiempo medio por proyecto) y compáralos con el equipo. Si solo uno falla, es un caso individual. Si varios, es un problema de organización. La solución no es castigar, sino rediseñar el flujo y reforzar la comunicación. Un estudio de la consultora Adecco (2025) mostró que el 22% de las bajas productivas se deben a una mala asignación de tareas, no a la pereza.


