
La poca motivación para trabajar puede tener su origen en el agotamiento laboral (burnout) o en condiciones de empleo que no cumplen con las expectativas salariales o de crecimiento. En México, según datos del INEGI, hasta el cuarto trimestre de 2023, el 28.6% de la población ocupada trabajaba más de 48 horas a la semana, una jornada excesiva que es un factor de riesgo clave para el desgaste profesional. El IMSS reporta un aumento constante en las incapacidades por trastornos mentales relacionados con el estrés laboral. Para evaluar si es un tema de energía o de contexto laboral, calcula tu ingreso por hora neto: toma tu sueldo mensual neto, divídelo entre los días laborales y luego entre las horas reales trabajadas (incluyendo tiempo de traslado). Compara ese resultado con el salario mínimo profesional o con el promedio de tu sector en plataformas como OCCMundial. Si tu ingreso por hora es bajo y las prestaciones son básicas (solo lo de ley), la desmotivación puede ser una señal racional de que el costo-beneficio de tu empleo no es adecuado. En estos casos, revisar vacantes activas, incluso sin postularte de inmediato, te da un parámetro real de mercado para decidir si es momento de negociar un aumento o buscar un cambio.

A mí me pasa seguido, sobre todo los lunes o después de un fin de semana muy movido. Trabajo como auxiliar de almacén en un CEDIS en el Estado de México y a veces el cuerpo no da más. Lo que a veces hago es negociar conmigo misma: "Si termino de paletizar esta zona en la mañana, me compro un buen lunch". No siempre funciona, pero dividir el día en metas pequeñas y con una recompensa tangible ayuda. También, en este trabajo es pesado pero es pago semanal, entonces pensar que el viernes ya cobro me da un poco de ánimo para seguir. Eso sí, cuando la flojera es mucha y ya ni eso motiva, puede que sea señal de que necesito un descanso real, o de plano replantearme si este jale es para mí a largo plazo.

Como reclutador, veo muchos CV de gente que parece estar en ese modo "piloto automático". Noto que cuando un candidato en entrevista habla con muy poca energía sobre sus logros pasados, muchas veces termina declinando la oferta o no pasa la prueba. Desde mi lado, es una señal para indagar si sus expectativas salariales (su sueldo neto deseado) están alineadas con lo que ofrecemos, o si el esquema híbrido o presencial no les convence. La desmotivación en el proceso a veces es la antesala de una renuncia a los pocos meses.

Trabajé casi dos años en un call center en Guadalajara con turno nocturno, y créeme, las ganas de trabajar a las 3 AM eran casi cero. La estrategia que mejor me funcionaba era la de los primeros 20 minutos. Me obligaba a enfocarme solo en esa primera llamada o en ese primer reporte, sin pensar en las 7 horas que faltaban. Ya metido en eso, el tiempo pasaba más rápido. Otra cosa importante es no subestimar el poder de las prestaciones: en ese trabajo, aunque el sueldo base no era alto, el bono por puntualidad y asistencia completa era un incentivo real. Calcular ese extra en mi pago quincenal me daba un objetivo concreto. Si estás en un trabajo donde ni las comisiones o bonos te motivan a levantarte, el problema quizá no es tu disciplina, sino el trabajo en sí.

Recién egresado y en home office, la falta de estructura a veces juega en contra. He aprendido que forzar no sirve. En esos días, cambio el horario: empiezo más tarde, pero compenso al final, o me pongo la meta de terminar solo tres tareas clave. Lo crucial fue registrar en qué momentos del día soy más productivo realmente, y dejar las cosas mecánicas para cuando la energía está baja. También, hacer algo de ejercicio en la mañana, aunque sea poco, cambia mucho el estado de ánimo para enfrentar la jornada.


