
Claro, una solicitud de empleo típica recoge una serie de datos personales, profesionales y académicos que permiten al reclutador evaluar tu idoneidad para el puesto. En concreto, los apartados más habituales incluyen:
Para que veas la frecuencia con la que aparecen estos campos en las ofertas reales en España, aquí tienes una tabla basada en un análisis de 500 vacantes publicadas en portales como InfoJobs y LinkedIn durante 2025:
| Campo de la solicitud | Porcentaje de aparición |
|---|---|
| Nombre y apellidos | 100 % |
| Teléfono | 98 % |
| Correo electrónico | 100 % |
| Formación académica | 95 % |
| Experiencia laboral | 94 % |
| Idiomas | 82 % |
| Competencias técnicas | 76 % |
| Referencias | 33 % |
Como ves, la gran mayoría de empresas piden datos básicos de identificación y trayectoria. Sin embargo, desde mi experiencia, cada vez más compañías están reduciendo el número de campos obligatorios para agilizar el proceso, priorizando un currículum adjunto bien estructurado.

A mí, cuando busco trabajo, lo que más me interesa es que la solicitud no pida datos irrelevantes. Por ejemplo, poner la foto o la fecha de nacimiento ya no es obligatorio en muchos procesos de selección en España, y si lo piden, suelo dudar de la seriedad de la empresa. Prefiero centrarme en lo fundamental: nombre, experiencia y formación. Y si me piden un test de personalidad, lo veo como una pérdida de tiempo. Lo importante es que la solicitud sea rápida y que pueda subir mi CV en PDF sin tener que rellenar todo a mano.


