
La entrevista de selección se emplea, ante todo, para evaluar la adecuación del candidato al puesto y a la cultura de la empresa, algo que el currículum por sí solo no puede reflejar. En mi experiencia, una buena entrevista va más allá de confirmar datos; permite explorar competencias blandas, motivaciones y capacidad de adaptación. Por ejemplo, cuando pregunto sobre situaciones pasadas de conflicto, busco patrones de comportamiento reales, no respuestas teóricas.
Los estudios más recientes indican que la entrevista estructurada (con preguntas predefinidas y escalas de ) tiene una validez predictiva significativamente mayor que la no estructurada. A continuación, una tabla comparativa basada en datos del sector:
| Tipo de entrevista | Validez predictiva media | Eficiencia temporal |
|---|---|---|
| No estructurada | 0,20 – 0,30 | Baja (sesgos altos) |
| Semiestructurada | 0,35 – 0,45 | Media |
| Estructurada | 0,50 – 0,65 | Alta (si está bien diseñada) |
Además, la entrevista sirve para gestionar expectativas: el candidato conoce de primera mano el día a día del rol, y nosotros podemos detectar señales de alerta (como falta de honestidad o excesiva rigidez). En mi equipo, siempre dedicamos los últimos diez minutos a que la persona pregunte; es un termómetro de su interés real y de su preparación. En definitiva, la entrevista es el filtro definitivo antes de una oferta, pero solo si se diseña con criterio y se aplica con coherencia.

Para mí, la entrevista es la oportunidad de saber si realmente quiero trabajar allí. Cuando me presento, no solo busco que me evalúen; yo también estoy evaluando: ¿cómo me tratan desde recepción? ¿El reclutador parece agotado o ilusionado? Las preguntas sobre el equipo y los proyectos me ayudan a sentir si encajaría. Una vez, en una entrevista, noté que el jefe hablaba mal de sus compañeros… ahí supe que no era mi sitio. La entrevista, bien usada, me evita perder meses en un entorno tóxico.

Desde mi punto de vista, la entrevista es una herramienta clave de employer branding. Cuando un candidato sale de una entrevista, se lleva una impresión que compartirá con su red. Por eso cuido cada detalle: la claridad del proceso, el respeto por su tiempo y la transparencia sobre el salario y las condiciones. Una entrevista bien hecha convierte a un candidato rechazado en un embajador de la marca. Y al revés: una mala experiencia puede dañar la reputación en sectores muy conectados.

Como profesional que estudia procesos de selección, diría que la entrevista se emplea para reducir sesgos si se aplica correctamente. La entrevista por competencias, con preguntas conductuales (como “cuéntame una vez que tuviste que liderar un cambio”), permite predecir el rendimiento futuro con más objetividad. Lo fundamental es estandarizar las preguntas para todos los candidatos y usar una rúbrica de puntuación. Así, la entrevista deja de ser una charla informal y se convierte en una herramienta científica de .

En mi día a día como consultor, la entrevista sirve para validar la información del CV y ahorrar tiempo en fases posteriores. Muchos candidatos inflan logros o roles; una entrevista bien enfocada descubre inconsistencias en minutos. También la uso para calibrar el nivel de inglés real o la capacidad de improvisación. Lo ideal es combinarla con una prueba práctica y una referencia laboral, así el riesgo de error baja drásticamente. Sin entrevista, contratarías a ciegas.


