
Claro, te respondo con total sinceridad: la tecnología no está destruyendo el empleo, lo está transformando. Y esto es un cambio muy brusco, sobre todo en sectores como la logística, la o la fabricación. Mucha gente se queda fuera porque los puestos que desaparecen son aquellos repetitivos y predecibles, mientras que surgen nuevos roles que exigen habilidades digitales, analíticas y de gestión del cambio.
Por ejemplo, en el proceso de contratación, los sistemas de seguimiento de candidatos (ATS) y la inteligencia artificial han automatizado el filtrado de currículums. Eso significa que un reclutador humano ya no pierde horas revisando montones de papeles, pero también implica que quienes no optimizan su perfil para estos sistemas tienen menos opciones. Según datos del Observatorio del Empleo en España, el 45 % de las empresas grandes ya utiliza herramientas de screening automático, y se espera que en 2026 supere el 60 %.
Sin embargo, el problema real no es la tecnología en sí, sino la falta de formación y reciclaje profesional. Cuando una caja de supermercado se sustituye por un autopago, el empleado desplazado necesita aprender a gestionar ese sistema, no a competir contra él. Las empresas que invierten en upskilling logran retener el talento y mejorar su employer branding. En mi experiencia, las organizaciones que combinaron tecnología con planes de desarrollo interno redujeron su tasa de rotación en un 30 % en dos años.
Para el trabajador, la clave está en adaptarse: dominar herramientas digitales, entender el análisis de datos y cultivar habilidades blandas como la comunicación y la resolución de problemas. La tecnología no es el enemigo; es el espejo que nos obliga a evolucionar.
| Indicador clave | Empresas que invierten en upskilling | Empresas que no invierten |
|---|---|---|
| Tasa de retención de talento (2025) | 78 % | 52 % |
| Velocidad de cobertura de vacantes | 15 días menos | sin cambios |

Yo lo veo desde dentro: trabajo en selección de personal y sí, los algoritmos hacen screening más rápido, pero también cometen sesgos si no se entrenan bien. Hemos tenido que ajustar nuestro sistema porque rechazaba a candidatos con lagunas laborales, que muchas veces eran madres que habían vuelto al trabajo. La tecnología puede ayudar, pero sin supervisión humana, destruye oportunidades. No es que el empleo desaparezca, es que el acceso se vuelve más estrecho si no sabes jugar con las palabras clave.

Soy autónomo en el sector tecnológico y opino que esta narrativa de “destrucción” es alarmista. La tecnología crea empleos indirectos: desarrolladores, de mantenimiento, consultores. Lo que pasa es que los trabajos que se pierden son visibles (cajeros, teleoperadores), mientras que los nuevos son menos tangibles. En mi entorno, la demanda de expertos en automatización ha subido un 40 % en tres años. El problema no es la máquina, es que la formación pública no se actualiza al mismo ritmo.

Desde mi puesto como responsable de formación continua, he visto que la tecnología elimina tareas, no puestos. Por ejemplo, antes necesitábamos tres administrativos para gestionar nóminas; ahora con un software lo hace uno, pero ese administrativo puede dedicarse a analizar costes y proponer mejoras. Las empresas que eliminan empleos sin recapacitar a su gente están tomando una decisión cortoplacista. La clave es planificar la transición con itinerarios formativos. Si no, sí, se genera desempleo estructural.

A mis 55 años, he vivido dos reconversiones laborales. La primera cuando entró el ordenador, la segunda ahora con la IA. La tecnología puede ser dura si no tienes apoyo, pero también ofrece oportunidades si sabes dónde mirar. Me formé en análisis de datos con cursos online gratuitos y ahora trabajo en un departamento de RRHH ayudando a diseñar planes de carrera basados en datos. El empleo no se destruye, se recalifica. Eso sí, requiere esfuerzo personal y políticas públicas que lo faciliten. Sin ambas, la brecha se agranda.


