
Sí, es una cuestión delicada. Llevarme empleados de otra empresa no es ético si se hace a escondidas o rompiendo acuerdos, pero puede ser aceptable dentro de un marco de competencia justa y transparencia. La clave está en el método y la intención.
Desde mi experiencia, cuando un profesional recibe una oferta porque su perfil encaja perfectamente, no hay nada ilegal. El problema aparece cuando se utilizan tácticas engañosas, como acceder a información confidencial de la otra empresa o presionar al candidato para que incumpla su contrato. Además, muchos contratos incluyen cláusulas de no competencia o de confidencialidad que pueden hacer que esta práctica sea legalmente riesgosa.
Para ponerlo en contexto, según datos del sector, el 68% de las empresas consideran que el robo de talento es una práctica habitual en 2026, pero solo el 25% lo ve como éticamente aceptable sin condiciones. Te dejo una tabla que resume los matices:
| Situación | ¿Ético? | Razón clave |
|---|---|---|
| Contactar a un candidato que ha actualizado su LinkedIn | Sí | El profesional está abierto a oportunidades |
| Ofrecer un salario muy superior para que se vaya | Depende | Puede ser una guerra de precios insostenible |
| Que el reclutador acceda a la base de datos de otra empresa | No | Violación de propiedad intelectual |
| El empleado se va porque quiere un cambio de sector | Sí | Decisión personal libre |
En resumen, lo ético es actuar con honestidad, respetar los acuerdos previos y no sabotear intencionadamente a otra empresa. Si solo estás contratando talento disponible, no hay problema.

Mira, yo creo que es parte del juego. En un mercado laboral competitivo, si consigues atraer a un buen profesional ofreciéndole mejores condiciones, ¿qué hay de malo? La otra empresa debería retenerlo si le importa. No es culpa tuya que no sepan valorar a su gente. Lo único que no haría es mentir o engañar, pero si el candidato viene por su cuenta, todo bien.

A mí me pasó justo eso. Me ofrecieron un puesto mejor y lo acepté. Me sentí un poco culpable al principio, pero luego pensé que mi carrera es mi responsabilidad. No le debo lealtad eterna a nadie. La empresa de la que me fui no hizo nada para retenerme, así que fue su decisión perder talento. Al final, cada uno busca su crecimiento.

Desde mi punto de vista, la ética depende de las intenciones y las consecuencias. Si llevarme empleados de otra persona es parte de una estrategia destructiva para debilitar a un competidor, no es correcto. Pero si es porque tienes una oportunidad real para ellos y ellos deciden libremente, es válido. Lo importante es la transparencia en el proceso: dejar claro que no se busca aprovecharse de información privilegiada ni incumplir contratos. El mercado laboral se mueve así, pero con límites.


