
Claro, la mejor forma de saber los empleos anteriores de un candidato es combinar la verificación directa con herramientas de screening. En mi experiencia, lo más fiable es pedir referencias laborales y contactar con los empleadores mencionados, pero siempre con el consentimiento del candidato. Además, puedes usar plataformas como LinkedIn o servicios de verificación de antecedentes (si la legislación lo permite).
Para empezar, pide al candidato que detalle su historial laboral en el currículum y luego cruza los datos con entrevistas estructuradas. Por ejemplo, pregúntale por qué dejó cada puesto, qué aprendió y cómo aplicó sus habilidades. Si hay lagunas o inconsistencias, indaga con respeto.
Aquí tienes una tabla con los métodos más comunes y su fiabilidad:
| Método | Fiabilidad | Tiempo estimado |
|---|---|---|
| Llamada a referencias | Alta | 1-2 días |
| Verificación por terceros (ej. Checkster) | Muy alta | 3-5 días |
| Consulta en LinkedIn (perfiles completos) | Media | Inmediato |
| Entrevista de comportamiento (STAR) | Alta | Durante la entrevista |
Recuerda que en España, según la Ley de Protección de Datos (RGPD), solo puedes pedir información laboral previa si es relevante para el puesto y el candidato da su consentimiento explícito. Nunca accedas a bases de datos no autorizadas ni contactes a empresas sin permiso.
Un consejo práctico: pide al candidato que te proporcione al menos un contacto de un jefe directo de los últimos dos empleos. Así reduces el riesgo de falsificaciones. Si el candidato se niega, valora si es una señal de alerta o simplemente prefiere mantener su privacidad. En mi experiencia, los profesionales honestos suelen colaborar sin problemas.
Finalmente, compara la información con lo que aparece en su solicitud de empleo, pero sin obsesionarte. A veces un candidato omite un empleo breve por no considerarlo relevante, y eso no es mentira. Lo importante es detectar patrones de incoherencia, no pequeños olvidos.

Yo suelo recurrir a plataformas de verificación online como Infoempleo o Verifika, que permiten confirmar empleos anteriores con solo pedir el número de la Social (con autorización). Así ahorras tiempo y evitas llamadas incómodas. Además, siempre pregunto en la entrevista por qué se fue de cada trabajo: si la respuesta es vaga, me pongo en alerta. No hace falta ser detective, pero un poco de escepticismo sano ayuda.

Para mí, lo más directo es pedir al candidato un listado de empleos previos y después contrastar con el historial de cotizaciones (vida laboral) que puedes solicitar con su permiso. En España, la Social ofrece un informe detallado. Si el candidato se muestra reacio a compartirlo, puede ser sospechoso, pero también hay quien valora su privacidad. Lo mejor es explicar por qué lo necesitas: para validar la experiencia y evitar riesgos legales.

Yo siempre empiezo por revisar el perfil de LinkedIn del candidato y compararlo con el currículum que me envió. Luego, en la entrevista, hago preguntas específicas sobre proyectos o logros. Si algo no cuadra, pido una referencia de ese empleo. También uso test de habilidades (por ejemplo, una prueba práctica) para confirmar que el candidato sabe lo que dice haber hecho. No es infalible, pero reduce el riesgo de mentiras.

Mi método es pedir referencias de forma selectiva: solo para los candidatos finalistas. Les explico que necesito saber los empleos anteriores para asegurarme de que cumplan los requisitos, y que llamaré a sus antiguos jefes. Si alguien se niega, lo respeto, pero le pregunto si puede ofrecer otra alternativa, como un compañero de equipo. La clave es ser transparente desde el principio: decirles que verificaremos el historial, y ofrecerles la opción de corregir cualquier error antes de la llamada. Eso genera confianza.


