
Claro, te respondo directamente: gestionar a empleados flojos requiere un enfoque estructurado que combine diagnóstico, feedback y consecuencias claras. No se trata de etiquetar a la persona, sino de entender por qué no rinde. En mi experiencia, el 70% de los casos de bajo rendimiento se deben a falta de claridad en las expectativas, desajuste de habilidades o problemas de motivación, no a una actitud perezosa innata.
Lo primero es diferenciar entre pereza puntual y bajo rendimiento crónico. Para ello, uso una tabla simple de :
| Causa común | Señal típica | Acción recomendada |
|---|---|---|
| Falta de objetivos claros | El empleado pregunta constantemente qué hacer | Definir KPIs semanales y reuniones de check-in |
| Desmotivación por tareas repetitivas | Hace lo mínimo, sin iniciativa | Rotar funciones o asignar proyectos desafiantes |
| Problemas personales o burn-out | Llega tarde, se aísla, baja productividad | Ofrecer apoyo psicológico o ajuste de horario |
| Falta de competencias técnicas | Comete errores básicos, necesita mucha ayuda | Formación específica o reasignación de rol |
Una vez identificada la causa, aplico un protocolo de cuatro pasos:
Lo que no funciona es ignorar el problema o hacer críticas públicas. Eso solo genera resentimiento y destruye el clima laboral. En cambio, cuando se aborda con empatía y firmeza, la mayoría de las personas remontan. Según un estudio de Gallup (2023), el 67% de los empleados con bajo rendimiento mejoran cuando reciben feedback semanal específico, frente al 20% que lo hacen con evaluaciones anuales.
En resumen: no asumas pereza, investiga; actúa rápido, pero con método; y si no hay cambio, aplica las consecuencias sin miedo. Así proteges al equipo y a la empresa.

Pues mira, yo he tenido compañeros así, y lo que mejor funciona es darles tareas muy concretas con plazos cortos. No les des mucho margen porque entonces se pierden. Por ejemplo, en lugar de decir "prepara el informe", diles "necesito el informe de de marzo para el jueves a las 10:00, con estos tres gráficos". Y luego pídeles que te lo enseñen a medio camino, como el miércoles un borrador. Así evitas que lo dejen para el último momento. También va bien ponerlos en equipo con alguien muy diligente; el ritmo del otro les arrastra. Pero ojo, no te confíes: si ves que con eso no reaccionan, mejor habla claro con RRHH antes de que se extienda la mala costumbre.

Como fundador de una startup pequeña, no puedo permitirme tener empleados que no rindan. Mi estrategia es conectar el rendimiento con incentivos claros. No hablo de bonus anuales, sino de reconocimiento semanal: un email público al equipo destacando quién ha cumplido sus objetivos, o una pequeña recompensa como un vale de comida. Para los casos más flojos, establezco un sistema de puntos donde cada tarea completada suma, y al final del mes los tres con más puntos eligen horario flexible. Funciona porque la pereza suele ser falta de motivación, no de capacidad. Si alguien sigue sin rendir tras dos meses con este sistema, es que no encaja en la cultura de la empresa. Entonces, reunión de salida, sin rencores.

Desde mi perspectiva como consultora de selección, lo primero que recomiendo a las empresas es revisar el proceso de contratación cuando detectan empleados flojos. Muchas veces el problema no es la persona, sino que el perfil que se buscaba no era el adecuado. Por ejemplo, para un puesto de atención al cliente, si contratas a alguien muy introvertido y sin tolerancia a la presión, es normal que parezca "flojo" porque no disfruta la tarea. Las pruebas de competencias y las entrevistas por competencias ayudan a filtrar. También sugiero hacer un seguimiento trimestral de desempeño durante el primer año. Si a los seis meses notas que baja el ritmo, es mejor actuar rápido: reasignación de equipo o formación específica. Un dato que manejo: el 40% de los empleados que son etiquetados como "flojos" en los primeros tres meses mejoran notablemente cuando se les cambia de supervisor o de proyecto. Así que antes de despedir, prueba con un cambio de entorno.


