
El apodo «godinez» tiene su origen en una tira cómica mexicana creada por Darío Castillejos a finales de los años 90. El personaje, llamado Godínez, representaba al oficinista gris, atrapado en una rutina sin horizonte de crecimiento, con una jefa exigente y un café siempre frío. En España, el término ha llegado vía internet y cultura popular, y se usa coloquialmente para describir a empleados de oficina que parecen resignados a su puesto, sin aspiraciones claras o con una jornada marcada por el tedio.
Como profesional del sector reclutamiento, veo que esta etiqueta puede ser controvertida. Por un lado, refleja un problema real: la falta de engagement y desarrollo profesional en muchas empresas. Según un estudio de Randstad en 2023, el 40% de los trabajadores de oficina en España se sienten estancados. Pero etiquetarlos como «godinez» también banaliza sus circunstancias. Muchos no eligen esa situación; la cultura empresarial, los salarios bajos y la escasa movilidad los atrapan.
En mi experiencia, el término se usa a menudo entre compañeros para bromear, pero también puede dañar la marca empleadora. Si una empresa permite que sus empleados sean vistos como «godinez», probablemente tiene problemas de retención de talento. La clave está en rediseñar los procesos de y desarrollo para romper ese estereotipo. No es el trabajador quien falla, sino el sistema que no lo motiva.

Para mí, el «godinez» es un reflejo de cómo el mercado laboral español precariza a los jóvenes. Entré en una oficina hace tres años con muchas ganas, pero pronto vi que el sueldo no subía, las tareas se repetían y los ascensores no existían. Ahora, cuando mis amigos usan esa palabra, me río, pero por dentro pienso que todos somos un poco godinez si no nos dejan crecer. La culpa no es de quien inventó el apodo, sino de las empresas que siguen pagando lo mínimo.

Desde recursos humanos, el término «godinez» me preocupa porque normaliza una cultura de baja ambición. Cuando hago entrevistas, algunos candidatos bromean: «no quiero acabar como un godinez». Eso me dice que la marca empleadora está dañada. En mi empresa, hemos implementado programas de rotación interna y formación continua para que nadie se sienta encasillado. Si logramos que el 70% de los empleados vean posibilidad de crecimiento, el apodo pierde sentido.

Como asesora de carrera, siempre recomiendo no identificarse con el «godinez». El apodo te define desde fuera, pero tú puedes redefinirte. Si sientes que estás en una rutina, haz un plan de desarrollo personal: actualiza tu CV, busca mentorías, o negocia un cambio de funciones. Las estadísticas de LinkedIn muestran que los profesionales que cambian de rol cada 3-4 años ganan un 20% más. No dejes que un chiste marque tu trayectoria.

Llevo 25 años en una misma oficina. Cuando oigo «godinez», sonrío porque sé que el trabajo estable tiene valor. No todo es escalar; también hay dignidad en hacer bien tu tarea. El apodo lo inventó un dibujante que nunca trabajó en una oficina, seguro. La realidad es que muchos empleados prefieren la a la incertidumbre de un ascenso. En mi opinión, el término es injusto porque simplifica una decisión personal y profesional compleja.


