
La inmigración genera empleo de varias formas directas e indirectas. En primer lugar, los trabajadores inmigrantes cubren vacantes en sectores con escasez de mano de obra, como la agricultura, la hostelería y los cuidados. Esto permite a las empresas crecer, lo que a su vez crea puestos adicionales. Además, su consumo incrementa la demanda de bienes y servicios, estimulando la contratación en comercios, transporte y vivienda. También hay un efecto emprendedor: muchos inmigrantes abren negocios que contratan tanto a españoles como a otros inmigrantes. Por último, la diversidad cultural impulsa la innovación en las empresas, mejorando la competitividad y generando nuevas oportunidades laborales. Según datos del Banco de España, por cada 100 inmigrantes que llegan en edad laboral se crean entre 15 y 25 puestos de trabajo adicionales en la economía local. No es un juego de suma cero: la inmigración bien gestionada amplía el pastel del empleo.

Yo trabajo en un pequeño restaurante y he visto cómo la llegada de cocineros y camareros extranjeros nos ha permitido abrir un segundo local. Sin ellos, no habríamos podido crecer y yo no tendría este puesto de supervisor. Además, ellos mismos gastan su sueldo en el barrio, manteniendo abiertas tiendas y peluquerías. Al final, más inmigración significa más clientes y más necesidad de personal. Eso sí, hay que regularlo bien para que no se abuse de los salarios.

Desde mi experiencia como dueño de una empresa de logística, la inmigración ha sido clave para cubrir turnos que los españoles no quieren. Al contratar conductores y almacenistas extranjeros, pudimos aceptar más pedidos y ampliar la flota. Eso implicó contratar a más administrativos y mecánicos, muchos de ellos locales. Cada inmigrante que trabaja legalmente genera efectos multiplicadores: paga , alquila viviendas y consume, lo que sostiene empleos indirectos. Si no hubiera inmigración, mi negocio se habría estancado y habría tenido que despedir gente.

Llegué a España hace cinco años y empecé limpiando casas. Ahorré y monté una pequeña empresa de . Ahora doy trabajo a seis personas, tres españolas y tres inmigrantes. Mis clientes son familias que necesitan ayuda porque ambos padres trabajan. Al contratar a más personal, ellos pueden dedicarse a sus empleos, y yo genero ingresos que gasto en el barrio. La inmigración no solo crea empleo para los que llegan, sino que también facilita que otros trabajen. Es un círculo virtuoso si se dan las condiciones legales y de apoyo.


