
Claro, te voy a contar mi experiencia. Llevo tres años en la misma empresa y, al principio, no sabía muy bien cómo crecer aquí. Pero descubrí que el desarrollo interno no es solo cuestión de antigüedad, sino de estrategia. En mi caso, lo primero fue sentarme con mi jefe directo y pedirle una revisión de objetivos clara. A partir de ahí, diseñamos un plan de desarrollo individual con hitos semestrales. La clave estuvo en aprovechar los programas de formación internos que la empresa ofrecía: cursos de liderazgo, certificaciones técnicas y talleres de habilidades blandas. También me apunté a un programa de mentoría con un directivo de otro departamento, lo que me dio una visión global del negocio.
Además, participar en proyectos transversales me ayudó a visibilizar mi trabajo y a conectar con otros líderes. Para ser honesto, el primer año fue duro porque no veía resultados inmediatos, pero después de 18 meses me ascendieron a coordinadora de equipo. Lo que más valoro es que la empresa tenía un sistema de de desempeño basado en competencias, no solo en resultados numéricos.
Según un estudio de la consultora Randstad (2024), las empresas con planes de desarrollo estructurados retienen un 34% más de talento. Aquí te pongo un ejemplo de cómo se distribuyen los tipos de desarrollo en mi empresa:
| Tipo de desarrollo | % de empleados que lo usan | Impacto en promociones |
|---|---|---|
| Formación interna | 78% | Alto (62% ascienden) |
| Mentoría | 45% | Medio (40% ascienden) |
| Rotación de puestos | 30% | Alto (55% ascienden) |
Mi consejo: no esperes a que la empresa te ofrezca el camino, pídelo tú. Participa activamente en las reuniones de feedback y muestra interés por asumir responsabilidades nuevas. El desarrollo no es lineal, pero si tienes claro lo que quieres y lo comunicas, las oportunidades aparecen.

Pues mira, yo he cambiado de rol tres veces en la misma compañía sin moverme de sede. El desarrollo no siempre es hacia arriba; a veces es lateral. Me especialicé en , luego pasé a operaciones y ahora estoy en producto. Cada cambio me ha dado habilidades muy distintas. La empresa tenía un programa de rotación interna voluntaria que permitía probar otros departamentos durante seis meses. Al principio pensé que era un riesgo, pero resultó ser la mejor decisión. Aprendí que el crecimiento profesional también consiste en ampliar tu red de contactos internos y entender cómo funciona cada área. Si no te ves en un puesto de dirección, busca expertise variada. Eso te hace más valioso y difícil de reemplazar.

Desde mi experiencia, el desarrollo dentro de una empresa grande pasa por identificar a los líderes informales. Yo empecé como técnico y, sin ser jefe, me convertí en referente de un equipo de proyecto. La compañía fomentaba que los empleados propusieran mejoras y lideraran pequeñas iniciativas. Eso me dio visibilidad. Luego, cuando salió una vacante de supervisor, ya tenía el respaldo de varios directivos. No subestimes el poder de las relaciones de confianza. Además, recomiendo pedir feedback 360° cada año, aunque no sea obligatorio. Así sabes qué habilidades desarrollar para dar el siguiente paso. La clave es ser proactivo, pero sin pisar a nadie.

Yo, como responsable de RR.HH., veo que muchos empleados no saben que el desarrollo empieza por entender la estructura de carrera de la empresa. Normalmente hay dos vías: la técnica y la gerencial. En mi compañía, creamos mapas de carrera visibles para todos, con requisitos de competencias y plazos orientativos. Por ejemplo, para pasar de analista a senior necesitas dos años de experiencia, una certificación y liderar un proyecto. También instauramos revisiones de desempeño trimestrales con foco en fortalezas y áreas de mejora. Lo que mejor funciona es que los empleados sean dueños de su plan de desarrollo: que anoten sus logros, pidan formación específica y busquen proyectos retadores. No esperes a que te lo digan; pregunta en cada reunión de equipo.


