
Sí, en la mayoría de los casos presentar una solicitud de empleo sigue siendo un paso obligatorio, aunque la forma de hacerlo ha evolucionado. En mi experiencia, las empresas buscan un registro formal de tu candidatura, ya sea a través de su portal, un correo electrónico o una plataforma como LinkedIn. Sin un documento oficial, el equipo de selección no puede incluirte en su sistema de seguimiento de candidatos (ATS, por sus siglas en inglés).
Según un informe de InfoJobs de 2025, el 78% de las empresas españolas exigen una solicitud completa antes de iniciar cualquier proceso de selección. El resto, sobre todo startups y pymes, aceptan candidaturas espontáneas o contactos directos.
| Tipo de empresa | Exige solicitud formal | Acepta candidaturas espontáneas |
|---|---|---|
| Grandes corporaciones | 89% | 11% |
| Pymes (menos de 50 empleados) | 62% | 38% |
| Startups | 45% | 55% |
Sin embargo, una solicitud no es solo un currículum. Incluir una carta de presentación adaptada al puesto marca la diferencia, sobre todo cuando el mercado laboral está saturado. En mi caso, cuando busco trabajo, siempre personalizo cada solicitud y menciono cómo mis habilidades encajan con los requisitos.
Ojo: no confundir “solicitud” con “inscripción automática”. Muchas veces un solo clic en un portal no basta; hay que rellenar campos específicos y adjuntar documentos. Si no lo haces, tu perfil queda incompleto y el sistema lo descarta.
En resumen, aunque el networking y las referencias internas pueden abrir puertas, la mayoría de los procesos formales requieren una solicitud explícita. Saltarte ese paso reduce tus opciones, sobre todo en empresas con procesos estructurados.

En mi día a día, veo que depende mucho del canal. Si entras por una recomendación interna, a veces ni siquiera necesitas enviar una solicitud; el responsable de selección te pide tu CV directamente y te agenda una entrevista. Pero si te presentas por una oferta pública, la solicitud es el primer filtro. He visto a muchos candidatos perder oportunidades por no rellenar el formulario completo, aunque tuvieran el perfil ideal.
Para mí, lo clave es investigar la cultura de la empresa. Algunas startups valoran más el contacto inicial por LinkedIn o un café informal, mientras que las multinacionales llevan un proceso digital muy estricto. Mi consejo: si dudas, siempre es mejor presentar la solicitud, aunque sea breve.

Yo creo que no es un requisito absoluto, pero sí un gesto de profesionalidad. En mi sector, la gente suele moverse por redes y contactos, pero cuando una empresa pide explícitamente una solicitud, ignorarlo da una mala imagen. Personalizar la solicitud demuestra interés y orden, dos cualidades que los reclutadores valoran mucho.
He tenido casos donde un candidato me contactó por WhatsApp, pero no tenía ni CV ni datos básicos. Eso genera desconfianza. En cambio, quien envía una solicitud bien estructurada se diferencia del 70% de los postulantes que envían documentos genéricos. Así que, aunque no sea obligatorio, hacerlo bien te da ventaja.

Desde mi experiencia técnica, el proceso es más flexible de lo que la gente piensa. Muchas empresas de tecnología aceptan candidaturas a través de GitHub o portafolios online, sin necesidad de un formulario tradicional. Lo importante es que tu perfil esté visible y actualizado.
No obstante, cuando trabajas con reclutadores externos o agencias, la solicitud formal es inevitable porque necesitan registrar tu candidatura en su sistema. Recomiendo tener siempre una versión en PDF de tu CV y un texto breve listo para copiar y pegar en los campos de “carta de presentación”. Así ahorras tiempo y no pierdes oportunidades por pereza.

En mi empresa, preferimos conocer a la persona antes de ver su solicitud. Organizamos eventos de networking y entrevistas rápidas, y solo después pedimos el CV por temas legales y de archivo. **La


