
Mi primer empleo fue en una tienda de ropa del centro de Madrid, justo después de acabar la carrera. Recuerdo que mi primer salario fueron 1.100 euros brutos al mes, lo que en mano se quedaba en unos 950 euros. Al principio me pareció poco, pero pronto entendí que el sueldo no es lo único que importa. Lo que realmente marcó la diferencia fue el ambiente laboral y las posibilidades de formación que me ofrecieron.
Aprendí por las malas que no debes aceptar la primera oferta sin preguntar. Cuando me llamaron para la entrevista, no mencioné el salario hasta que ellos lo sacaron. Al final, conseguí subir 50 euros negociando un vale de comida. Mi consejo: investiga el rango salarial de tu sector antes de la entrevista. Por ejemplo, según datos del INE para 2026, los salarios medios de entrada varían mucho:
| Sector | Salario medio bruto mensual (2026) |
|---|---|
| Comercio minorista | 1.200 € |
| Hostelería | 1.100 € |
| Tecnología | 1.800 € |
| 1.300 € |
Además, no olvides mirar las condiciones extra: horario, días de vacaciones, posibilidad de teletrabajo y formación pagada. En mi primer empleo, todo eso sumó más que los 50 euros extra que conseguí. También aprendí a leer la nómina para entender las retenciones de IRPF y la cotización a la Seguridad Social. Si tienes dudas, pregunta a un compañero o al departamento de RRHH. Al final, tu primer salario es solo el punto de partida; lo importante es que te permita crecer profesionalmente y cubrir tus necesidades básicas mientras ganas experiencia.

Yo empecé a trabajar en 1998 con un sueldo de 800 euros. **Hoy, con la inflación, eso equival


