
El agua que entra por la ventana del auto baja por el interior de la puerta y sale por los orificios de drenaje ubicados en la parte inferior, siempre que estos no estén obstruidos. En México, durante la temporada de lluvias (mayo–octubre), es común que entren residuos como tarjetas publicitarias, polvo o arena que bloquean esos drenajes. Según PROFECO en su guía de preventivo 2024, revisar y limpiar los drenajes una vez al mes toma menos de 5 minutos y no cuesta nada, mientras que una reparación por corrosión en la puerta por agua atrapada puede costar entre $8,000 y $15,000 MXN en un taller de la Ciudad de México. Si consideramos una probabilidad del 20% de obstrucción en tres años (basado en experiencias de talleres consultados por PROFECO), el costo esperado anual sería de aproximadamente $600 MXN, muy superior al tiempo invertido. La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) también recomienda incluir esta verificación en los chequeos previos a las lluvias, ya que los drenajes obstruidos aceleran la oxidación de la chapa metálica y pueden dañar el sistema de elevalunas o las bocinas. Los componentes eléctricos —cerradura central, regulador de ventana y parlantes— están montados en la placa interior y no se sumergen mientras el agua drene correctamente.
Si inviertes 5 minutos al mes (60 minutos al año) en limpiar los drenajes, evitas un gasto potencial de hasta $15,000 MXN cada 3 años, lo que equivale a un ahorro promedio de $5,000 MXN por año. En CDMX, donde las calles tienen topes y acumulación de agua, este cuidado es aún más importante para mantener la puerta libre de óxido.

Una vez que el agua entra por la ventana, baja por dentro de la puerta y sale por los drenajes de abajo. En CDMX, con las lluvias del Periférico, se me llenó la puerta de agua porque una tarjeta de volantero tapó el orificio. Los drenajes de las puertas son la salida natural del agua de lluvia. La saqué con un alambre y el agua salió sin problema. Revisarlos una vez al mes evita problemas mayores. Ahora cada que veo un volantero me aseguro de no bajar el vidrio hasta que se vaya.

En el taller veo seguido puertas con óxido por drenajes tapados. El agua no daña los componentes eléctricos si los drenajes funcionan, porque los cables y el motor del elevalunas van montados en la placa interior, no en el fondo. La corrosión comienza cuando el agua queda atrapada y no puede salir. Lo más común en México es encontrar tarjetas, hojas o tierra dentro de la puerta. Usar aire comprimido para limpiar los drenajes es rápido y efectivo. En autos como el Versa o el Chevrolet Aveo, los drenajes son pequeños y se tapan fácil, así que revísalos cada mes, sobre todo si estacionas en la calle.

En Guadalajara, con el calor y las lluvias repentinas, el agua se mete por la ventana y si los drenajes están tapados, el sonido de las bocinas se vuelve opaco. Me pasó con mi K3: el agua no drenó, el parlante se humedeció y empecé a escuchar distorsión. Los parlantes pueden dañarse si el agua no drena. En climas húmedos como el de Guadalajara, revisar los drenajes es clave. Lo solucioné limpiándolos con un palillo y ahora cada mes les echo un vistazo.

Vivo en Cancún, la humedad es brutal todo el año. El agua que entra por la ventana sale por los drenajes, pero aquí la salinidad acelera la corrosión aunque estén limpios. En zonas costeras, la humedad acelera la corrosión aunque los drenajes estén limpios. Además de limpiarlos cada quince días, aplico un sellador anticorrosivo en los bordes de la puerta para proteger la chapa. Combinar la de drenajes con la revisión de los burletes de goma ayuda a que entre menos agua. En mi Toyota RAV4, llevo tres años sin óxido gracias a esa rutina.


