
Las bajas presiones en las llantas casi siempre tienen una causa clara, y la mayoría se pueden evitar con revisiones periódicas. El principal motivo es una fuga de aire, ya sea por un clavo, un corte en la llanta o daño en el rin; en México, los topes, los baches en Avenida Insurgentes o el Periférico y las vialidades en mal estado en zonas del Estado de México provocan que estos incidentes sean más frecuentes de lo normal. El segundo factor común es la pérdida natural de presión cuando el auto permanece estacionado semanas o meses, algo muy típico en vehículos de segunda mano o que no se usan a diario en ciudades como CDMX o Guadalajara. El envejecimiento del caucho también reduce la capacidad de retener aire: después de 5 o 6 años las llantas empiezan a microfisurarse y pierden presión de forma gradual. Además, los cambios bruscos de temperatura afectan; en temporada de frío en el norte de México (Monterrey, Chihuahua) la presión puede caer hasta 2 PSI por cada 10°C de descenso, y en rutas de montaña como la Autopista México–Puebla la diferencia térmica entre el valle y las cumbres altera las lecturas. Un sistema de monitoreo de presión (TPMS) defectuoso a veces marca presión baja sin que realmente lo esté, pero es menos frecuente.
De acuerdo con datos de PROFECO (estudio de llantas 2023) y recomendaciones de la SICT, mantener las llantas infladas al nivel indicado por el fabricante mejora el rendimiento de combustible en promedio 0.8 km/l. Para un auto como un Versa modelo 2025 que declara 17 km/l en ciudad, perder 5 PSI en las cuatro llantas significa bajar a ~16.2 km/l. Con 20,000 km al año y gasolina Regular de 87 octanos a $24 MXN el litro, el costo extra anual sería:
Esa cantidad equivale a casi un mes de tenencia en CDMX para un auto de ese segmento. Revisar la presión cada 15 días y antes de viajes largos evita estos costos y también reduce el riesgo de reventón en carretera.

En la CDMX, con los topes de Eje Central y los baches de Circuito Interior, cada semana me toca rellenar aire al menos una vez. Las fugas por clavos son pan de cada día. Hasta ahora, lo mejor es revisar la presión los domingos antes de arrancar la semana. Si andas en DiDi, no confíes solo en el sensor del tablero. Baja presión gasta más gasolina y las llantas se acaban más rápido.

Como mecánico, veo diario llantas que pierden aire por válvulas viejas o por golpes en el rin al pasar topes muy altos. Los autos que se estacionan semanas en la calle, como en colonias de Ecatepec, llegan con 10 PSI menos. La edad de la llanta es clave: si tiene más de 5 años, por más que parezca nueva, el hule ya no sella igual. Revisar la fecha de fabricación evita sorpresas.

Manejo seguido la Autopista México–Querétaro y he notado que al subir a los 2,800 metros de altitud la presión sube un par de PSI, pero al bajar a Querétaro vuelve a bajar. En invierno, cuando amanece a 5°C, las llantas marcan 4 PSI menos. Siempre cargo un compresor portátil; ajustar antes de salir me ha salvado de reventones.

En el lote de seminuevos reviso cada auto antes de mostrarlo. Muchos traen el sistema TPMS encendido porque el dueño anterior nunca checó la presión, y resulta que solo era una válvula floja. El primer consejo que doy: no ignores la luz, pero tampoco asumas que hay fuga. A veces el sensor falla por batería agotada. Un inflado correcto evita devoluciones y clientes molestos.


