
Una bicicleta de montaña de 30 velocidades alcanza una velocidad promedio de 18 km/h en terreno plano, pero ese número cambia radicalmente según el estado físico del ciclista y las condiciones del camino. Un ciclista casual se mueve entre 16 y 20 km/h en avenidas como el Circuito Interior o la Autopista México–Querétaro, mientras que alguien entrenado puede mantener 25 km/h y un ciclista de competencia llega a 30 km/h en tramos sin pendiente. En la CDMX, la altitud de 2,240 metros reduce la capacidad aeróbica entre un 10% y un 15%, por lo que los promedios bajan un par de kilómetros respecto al nivel del mar. La relación de velocidades importa para mantener la cadencia, pero no es el factor determinante. El número de velocidades no es lo que determina la velocidad. La condición física del ciclista es el factor principal. En CDMX, la altitud reduce el rendimiento aeróbico. Según datos de la SEMOVI CDMX, la velocidad promedio en ciclovías de la ciudad es de 15 km/h en horas pico, y la PROFECO recomienda no superar los 25 km/h en zonas urbanas para evitar accidentes. Si haces un recorrido diario de 12 km a una media de 18 km/h, el tiempo invertido es de 40 minutos por trayecto; si entrenas y subes a 25 km/h, bajarías a 29 minutos. Las 30 combinaciones sirven para adaptarse a subidas, bajadas y viento, pero la mayoría de los ciclistas usan solo 4 o 5 relaciones de forma recurrente.

Llevo tres años usando mi bici de montaña de 30 velocidades para ir de Ecatepec al Centro de CDMX. En Periférico no paso de 20 km/h por el tráfico y los topes, y en las ciclovías de Insurgentes mantengo unos 18 km/h. La clave es no forzar el cambio, sino mantener la cadencia. Las 30 velocidades no te hacen más rápido. En ciudad, el tráfico limita la velocidad. Lo importante es la cadencia constante.

Como mecánico de bicicletas en un taller de la Roma, te digo que las 30 marchas rara vez se usan completas. En subidas como la del Cerro de la Estrella, el plato pequeño y los piñones grandes son los que salvan. Las combinaciones intermedias son las que realmente funcionan en plano. Las marchas extremas casi no se usan. El del cambio es clave para que no se salte la cadena. Una bici con menos velocidades puede ser igual de rápida si el ciclista está en forma.

En México, respetar los semáforos es lo primero. Nunca te pases un alto aunque no vengan coches. Usa carril bici siempre que exista, no la banqueta. En época de lluvias, ponte un impermeable reflectante y evita los charcos profundos. La vial es más importante que la velocidad. Usa siempre casco y luces delantera y trasera. Las llantas de montaña aguantan bien los baches de la ciudad.

En la sierra de Monterrey, las subidas del 15% te exigen usar el plato pequeño y las marchas más ligeras. Con mi bici de 30 velocidades puedo escalar sin bajarme, pero en las bajadas alcanzo hasta 40 km/h y ahí ya no importan los cambios, solo los frenos. La relación de cambios ayuda a mantener el ritmo sin reventar las piernas. En montaña, las velocidades bajas son las que realmente usas. La velocidad máxima depende del terreno y del miedo. No necesitas 30 cambios para divertirte en el monte.


